INTRODUCCIONES
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INTRODUCCION AL TRATADO SOBRE FUEGO COSMICO

Alice A. Bailey en su Autobiografía Inconclusa, publicada en 1951, narra la historia de los años dedicados al trabajo telepático que realizó conjuntamente con El Tibetano. Relata el primer contacto establecido con él en el plano físico, que tuvo lugar en California, en noviembre de 1919. El trabajo proyectado debía abarcar un período de treinta años. Treinta y tres días después de finalizar dicho período, Alice A. Bailey se liberó de las limitaciones del vehículo físico.
La Autobiografía contiene además ciertas declaraciones hechas por El Tibetano respecto a su trabajo y explica algunas de las razones por las cuales fue emprendido. Durante las primeras etapas se debía poner cuidadosa atención a esas condiciones imperantes en el plano físico que aseguraran mejor el éxito del proceso telepático. En años posteriores la técnica llegó a ser tan perfecta y el mecanismo etérico de Alice A. Bailey estaba tan finamente sincronizado y ajustado que prácticamente el proceso no exigía esfuerzo alguno, quedando así demostrada, en grado sumo, la realidad y utilidad práctica del intercambio telepático.
En muchos casos, la mente concreta inferior (frecuentemente restringida por el idioma) al exponer verdades espirituales se veía obligada a expresar ideas abstractas y conceptos sobre realidades espirituales hasta ahora desconocidas. Repetidas veces se les ha prevenido, a quienes leen libros recibidos telepáticamente, respecto a las limitaciones que existen para expresar la verdad, lo cual frecuentemente se olvida. Su constante repetición constituirá en el futuro uno de los principales factores que evitará la cristalización de la enseñanza y que ésta se convierta en otro culto sectario y dogmático.
Este Tratado sobre Fuego Cósmico se publicó en inglés en 1925; constituyó el tercer libro escrito en colaboración, e inherentemente evidencia que perdurará como lo más importante y de mayor trascendencia de la enseñanza impartida durante treinta años, a pesar de la profundidad y el valor contenidos en la serie de tomos titulados Tratado sobre los Siete Rayos o en otros de sus libros.
Durante ese extenso período de trabajo, El Tibetano y Alice A. Bailey, lograron armonizar en tal forma sus mentes que constituían -en lo que se refiere a la mayor parte de la enseñanza impartida- un solo y recíproco mecanismo de proyección. Hasta el final de sus días Alice A. Bailey solía referirse a la admiración que le causaba lo que pudo columbrar a través de la mente de El Tibetano, respecto a las limitadas perspectivas de las verdades espirituales, que de otra manera no hubiera podido obtener y cuya cualidad le era imposible describir. Esta experiencia constituyó la base de su frecuente y a menudo incomprendida expresión de que todas las enseñanzas que ayudaba a difundir eran tan sólo el abc del conocimiento esotérico, y que en el futuro abandonaría cualquier enunciado de la presente enseñanza si hallaba otra mejor y más profundamente esotérica. A pesar de la profundidad y claridad de la enseñanza contenida en los libros publicados bajo su nombre, las verdades expuestas en ellos son muy parciales y sujetas a revelaciones y expansiones posteriores; recordar constantemente este hecho, proporcionará una segunda defensa contra esa cualidad de la mente concreta que continuamente tiende a producir sectarismos.
Al iniciarse este esfuerzo unido y después de una concienzuda consideración, El Tibetano (D.K.) y A.A.B. decidieron que ella, como discípulo activo en el plano externo, fuera quien se hiciese cargo, en lo posible, de la responsabilidad kármica en dicho plano, y presentara la enseñanza al público bajo su nombre. Dicha decisión involucraba la responsabilidad de dirigir el campo esotérico, lo cual desencadenó el ataque y la censura de algunas personas y organismos cuyas actitudes y actividades eran autoritarias y de mentalidad pisciana.
La actitud adoptada por ambos permitió eliminar la estructura limitada sobre la cual se apoyaba la enseñanza esotérica, su misterio, espejismo, pretensión e impracticabilidad. Su posición contra las aseveraciones dogmáticas ha ayudado a establecer una nueva era de libertad mental para los estudiosos de las progresivas revelaciones de la Sabiduría Eterna.
El antiguo método de establecer la verdad aceptando y comparando los nuevos postulados con las doctrinas establecidas previamente es, sin lugar a dudas, de utilidad para entrenar la mente, pero se está superando en forma gradual. En su lugar surge, en los campos de la religión y la filosofía, una nueva capacitación para adoptar una posición más científica. La enseñanza espiritual se aceptará cada vez más como hipótesis, pero no será comprobada por el estudio, por su base histórica ni por su autoridad, sino por las consecuencias que sus efectos producen en la vida y por su valor práctico para resolver los problemas de la humanidad.
Hasta ahora, la enseñanza esotérica más avanzada, se obtenía únicamente cuando el estudiante aceptaba la autoridad del instructor, le prometía cierta obediencia personal y se comprometía a guardar silencio. A medida que progresa la nueva dispensación acuariana, dichas limitaciones van desapareciendo. Se mantiene la relación personal entre el discípulo y el Maestro, pero ya ha comenzado el entrenamiento del discipulado en forma grupal. La historia de este experimento y el intento de utilizar el método de la nueva era se halla expuesto al público en el libro titulado Discipulado en la Nueva Era, el cual contiene las instrucciones dadas personalmente por El Tibetano a un seleccionado grupo.
En este Tratado sobre Fuego Cósmico El Tibetano nos ha dado lo que profetizó H. P. Blavatsky, a saber: la clave sicológica de la Creación Cósmica, H.P.B. afirmó que en el siglo xx aparecería un discípulo que daría la clave sicológica de su obra La Doctrina Secreta, en cuya monumental realización El Tibetano prestó su colaboración; Alice A. Bailey efectuó su tarea con pleno conocimiento de la parte que le correspondía en esta secuencia.
Foster Bailey
Tunbridge Wells.
Diciembre 1950



RESUMEN DE UNA DECLARACION HECHA POR EL TIBETANO

Publicada en agosto de 1934
Solamente diré que soy un discípulo tibetano de cierto grado; esto puede significar muy poco para ustedes, porque todos son discípulos, desde el aspirante más humilde hasta más allá del Cristo Mismo. Tengo cuerpo físico lo mismo que todos los hombres, resido en los confines del Tíbet, y a veces (desde el punto de vista exotérico), cuando me lo permiten mis obligaciones, presido un grupo de Lamas tibetanos. A esto se debe la difusión de que soy un abad de ese Monasterio Lamásico. Aquellos que están asociados conmigo en el trabajo de la Jerarquía (todos los verdaderos discípulos están unidos en este trabajo) me conocen también con otro nombre y cargo. A.A.B. conoce dos de mis nombres.
Soy un hermano que ha andado un poco más por el Sendero y, por consiguiente, tengo más responsabilidades que el estudiante común. He luchado y me he abierto un camino hacia la luz, logrando obtener mayor luz que el aspirante que leerá este artículo; por lo tanto tengo que actuar como transmisor de luz, cueste lo que cueste. No soy un hombre viejo, con respecto a lo que la edad puede significar en un instructor, ni tampoco soy joven e inexperto. Mi trabajo consiste en enseñar y difundir el conocimiento de la Sabiduría Eterna dondequiera que se encuentre respuesta; y esto lo he estado haciendo durante años. Trato también de ayudar a los Maestros M. y K.H. en todo momento, porque estoy relacionado con Ellos y Su trabajo. Lo expuesto hasta aquí encierra mucho; pero tampoco les digo nada que pueda inducirles a ofrecer esa ciega obediencia y Ponta devoción que el aspirante emocional brinda al Gurú o Maestro con el que aún no está en condiciones de tomar contacto, ni podrá lograrlo hasta tanto no haya trasmutado la devoción emocional en desinteresado servicio a la humanidad, no al Maestro.
No espero que sean aceptados los libros que he escrito. Podrán o no ser exactos, correctos y útiles. El lector puede comprobar su verdad mediante la práctica y el ejercicio de la intuición. Ni A.A.B. ni yo tenemos interés en que se los considere como que han sido inspirados, ni tampoco que se diga misteriosamente que son el trabajo de uno de los Maestros. Si estos libros presentan la verdad de tal manera que pueda considerarse como la continuación de las enseñanzas impartidas en el mundo, y si la instrucción suministrada eleva la aspiración y la voluntad de servir, desde el plano de las emociones al plano mental (el plano donde se encuentran los Maestros), entonces estos libros habrán cumplido con su propósito. Si la enseñanza impartida encuentra eco en la mente iluminada del trabajador mundial y despierta su intuición, entonces acéptese tales enseñanzas. Si estas afirmaciones son corroboradas oportunamente y consideradas como verdaderas al ser comprobadas por la Ley de Correspondencia, está muy bien; pero si esto no es así, no se acepte lo expuesto.


DEL PREFACIO DE TRATADO SOBRE FUEGO COSMICO

Este "Tratado sobre Fuego Cósmico" persigue cinco objetivos: Primero, ofrecer un delineamiento sintético y esquemático de cosmología, filosofía y sicología, que quizás pueda ser utilizado durante una generación como libro de texto y de referencias y también como base para un estudio más detallado a erigirse en el futuro, a medida que vaya afluyendo la gran oleada de enseñanza respecto a la evolución.
Segundo, expresar lo subjetivo en términos comprensibles, y señalar el nuevo paso hacia la comprensión de la verdadera sicología. Elucidar la relación que existe entre Espíritu y materia, la cual se manifiesta como conciencia. Se observará que este tratado se ocupa más del aspecto mente, de la conciencia y de la sicología superior que de la materia, tal como se la conoce en el plano físico. Es muy peligroso proporcionar información acerca de las diversas energías de la materia atómica(1) , pues la raza es aún demasiado egoísta para confiarle tales poderes. El hombre, gracias a la competente labor de los científicos, va rápidamente descubriendo el conocimiento necesario. Se hallará que este libro da trascendencia a las fuerzas responsables de la manifestación objetiva de un Logos solar y del hombre. Sólo en la primera parte se dan indicaciones respecto a la naturaleza de esas energías estrictamente confinadas al plano físico.
Tercero, evidenciar el coherente desarrollo de todo lo que existe en un sistema solar; demostrar que todo cuanto existe evoluciona (desde la forma de vida más inferior, en el punto más denso de concreción hasta la más elevada y sutil manifestación) y que las formas sólo son expresión de una maravillosa y divina Existencia. Esta expresión tiene origen en la fusión de dos aspectos divinos, mediante la influencia de un tercero, lo cual produce la manifestación que llamamos forma, iniciando su ciclo evolutivo en tiempo y espacio. De esta manera la forma llega a tal punto que constituye un medio adecuado para que se manifieste la naturaleza de lo que llamamos Dios.
Cuarto, dar información práctica acerca de los puntos focales de energía que se encuentran en el cuerpo etérico del Logos solar, el macrocosmos, y del hombre, el microcosmos.
A medida que se comprenda el sustrato etérico, la verdadera sustancia que subyace en toda forma tangible, se producirán grandes revoluciones en los dominios de la ciencia, la medicina y la química. Por ejemplo, el estudio de la medicina se iniciará, con el tiempo, desde un nuevo ángulo y se practicará basándose en la comprensión de las leyes de irradiación, de las corrientes magnéticas, de los centros de fuerza que se hallan en el cuerpo humano, y su relación con los centros y corrientes de fuerza del sistema solar.(2)
Quinto, dar alguna información, no impartida hasta ahora exotéricamente, acerca del lugar que ocupan y el trabajo que realizan las miríadas de vidas sensorias, que constituyen la esencia de la objetividad; indicar la naturaleza de esas Jerarquías de Existencias, que crean con su propia sustancia, todo lo que se ve y se conoce, las cuales constituyen el Fuego que produce calor, calidez, vida y movimiento en el universo. Así se ocupará de la acción del Fuego sobre el Agua, del Calor sobre la Materia (considerada macrocósmica o microcósmicamente), lo cual proyectará alguna luz sobre la Ley de Causa y Efecto (o Ley del Karma) y el significado que tiene el sistema solar.
Resumiendo, la enseñanza de este libro deberá traer como resultado una expansión de conciencia y el reconocimiento de que la interpretación de los procesos naturales, formulada por las Mentes maestras de todas las épocas, es adecuada y constituye una base práctica, tanto para la ciencia como para la religión. Ello tenderá a producir una reacción en pro de una filosofía que vincule el Espíritu y la materia y exprese la unidad esencial de las ideas científicas y religiosas. Ambas están hoy algo divorciadas, y sólo ahora comenzamos a tantear nuestro camino intelectual que nos sacará de las profundidades de la interpretación materialista. Sin embargo, debe recordarse que bajo la Ley de Acción y Reacción, el extenso período de ideas materialistas ha sido necesario para la humanidad, porque el misticismo de la Edad Media nos había llevado demasiado lejos en la dirección opuesta. Ahora tendemos a adoptar un punto de vista más equilibrado, y se espera que el contenido de este tratado forme parte del proceso mediante el cual se alcance el equilibrio. A quien lo estudie se le pide tener presente que:

a. Al desarrollar los temas nos ocupamos de la esencia de lo objetivo, del aspecto subjetivo de la manifestación y de la fuerza y la energía. Resulta casi imposible reducir tales conceptos a fórmulas concretas y expresarlas de tal modo que el hombre común pueda captarlas con facilidad.

b.
Al emplear palabras y frases, en términos modernos, lógicamente se restringe y limita el tema y gran parte de la verdad se pierde.

c.
El contenido de este trabajo se ofrece sin dogmatismos, como contribución al cúmulo de ideas relativas a los orígenes de los mundos y como una adición a los datos ya acumulados respecto a loa naturaleza del hombre. La mejor solución que los hombres pueden ofrecer para resolver el problema mundial debe forzosamente asumir un doble aspecto. Tal solución se demostrará por medio de una vida de servicio activo, que tienda al mejoramiento de las condiciones ambientales y mediante la formulación de algún esquema o plan cosmológico capaz de justificar, en lo posible, las condiciones tal como existen. Polemizando como hoy hacen los hombres y partiendo de la base de lo conocido y comprobado sin ocuparse de, y sin justificar esas causas profundamente arraigadas que se supone son producto de lo visible y conocido, todas las soluciones hasta ahora han fracasado y fracasarán.

d.
Todo intento de formular en palabras verdaderamente comprensibles lo que ha de ser sentido y vivido, será indefectible y lamentablemente inadecuado. Todo cuanto se diga sólo será una parcial exposición de una gran Verdad velada, que se ofrece al lector y estudiante como simple hipótesis práctica y enunciación sugestiva. El estudiante de mente abierta y el hombre que nunca olvida que la Verdad se revela progresivamente, saben que la expresión más plena y posible de la verdad, en cualquier época, aparece luego como fragmento de un todo, y más tarde podrá ser reconocida como parte de una realidad; de manera que en sí misma es una distorsión de lo real.


Este tratado se ofrece con la esperanza de que sea útil para todos los buscadores que, con mente amplia, van detrás de la verdad, y de valor para quienes investigan la Fuente subjetiva de todo lo tangible y objetivo. Se aspira con él a presentar un plan, razonablemente lógico, de la evolución del sistema, y a indicar al hombre la parte que debe desempeñar, como unidad atómica de un grande e integral Todo. Este fragmento de La Doctrina Secreta se ofrece al mundo, a medida que gira la rueda evolutiva, sin pretensiones respecto a su fuente de origen, infalibilidad o detallada exactitud de sus afirmaciones.
Ningún libro adquiere valor por su dogmatismo o por las declaraciones respecto a la autoridad de su fuente de inspiración. Un libro triunfa o fracasa por su valor intrínseco, la utilidad de las sugerencias hechas y su poder para impulsar la vida espiritual e intensificar la captación intelectual del lector. Si este tratado contiene en sí, algo de la verdad y de la realidad, realizará inevitable e indefectiblemente su cometido; trasmitirá su mensaje, y llegará los corazones y a las mentes de los buscadores, en todas partes. Si no tiene valor ni se basa en la realidad, desaparecerá y perecerá, y es justo que así sea. Todo lo que se pide a quien lo estudie, es que lo considere con simpatía y esté dispuesto a reflexionar los puntos de vista expuestos, con honradez y sinceridad de pensamiento, lo cual le ayudará a desarrollar la intuición, a formular la diagnosis espiritual y a aplicar la discriminación, que le permitirá rechazar lo falso y apreciar lo verdadero.
Las palabras del Buda son oportunas aquí, y constituyen el apropiado final de esta introducción.

El Señor Buda ha dicho:

que no hemos de creer en lo dicho, simplemente porque ha sido dicho; ni en las tradiciones, porque han sido trasmitidas desde la antigüedad; ni en los rumores como tales; ni en los escritos de los sabios, porque ellos lo han escrito; ni en las fantasías que sospechamos nos han sido inspiradas por un deva (es decir una supuesta inspiración espiritual); ni en las deducciones basadas en alguna suposición casual que hemos hecho; ni por lo que parece ser una necesidad analógica; ni por la mera autoridad de nuestros instructores o maestros, sino que hemos de creer cuando lo escrito, la doctrina o lo dicho, está corroborado por nuestra propia razón y conciencia. "Por eso" dice, "les he enseñado a no creer por el sólo hecho de haberlo oído decir; pero cuando crean con toda conciencia, entonces actúen de acuerdo a ello, con plenitud".

La Doctrina Secreta, VI, 84.

(1) Obsérvese que este libro fue publicado en 1925, antes de la segunda parte de la guerra mundial y es fácil deducir lo que habría ocurrido si el conocimiento de la energía atómica hubiese sido conocido antes de reiniciarse la guerra en 1939.
(2) Hoy ya se está trabajando con aparatos de irradiaciones y magnéticos en relación a ciertas curaciones sobre el cuerpo etérico, o, lo que es lo mismo, la vitalidad.

MI TRABAJO (Por El Tibetano)(3)

En el mes de noviembre de 1919 me puse en contacto con Alice A. Bailey, y le pedí que escribiera y publicara algunos libros que debían aparecer, con el fin de impartir la verdad en forma correlativa. Rehusó de inmediato, argumentando que no simpatizaba con la denominada literatura ocultista, difundida entre el público por los diversos grupos de esa índole; que nunca había escrito para el público, y además que le desagradaba profundamente toda clase de trabajos y escritos síquicos. Cambió de parecer al explicarle que la relación telepática era algo ya comprobado y un asunto de interés científico, que ella no era clarividente ni clariaudiente, y que nunca lo sería y, sobre todo, que la prueba de la verdad es la verdad misma. Le dije que si aceptaba escribir durante un mes, el material trascrito le demostraría contener la verdad, pues enfocaba reconocimiento y comprensión intuitiva y abarcaba cuanto fuera de valor para la nueva e inminente era espiritual. Esto contribuyó a superar su aversión a tal tipo de trabajo, como también a las diversas e imperantes presentaciones ocultistas de la verdad; entonces estipuló que los escritos fueran publicados sin pretensiones de ninguna especie, y que las enseñanzas demostrarían o no su valor, de acuerdo a sus propios méritos.


LOS LIBROS


El primer libro publicado fue Iniciación Humana y Solar, resultado de su primer esfuerzo en este tipo de trabajo, base de los demás libros. Escribió para mí durante veinticinco años. Los libros se publicaron de acuerdo a un propósito profundo y subyacente que quizás deseen conocer, y ha tenido amplia aceptación mundial.
En Iniciación Humana y Solar se trató de dar a conocer la realidad de la existencia de la Jerarquía, que H.P.B. ya había difundido mediante insinuaciones y enunciados, pero en forma ordenada. La Sociedad Teosófica había enseñado la existencia de los Maestros, a pesar de que H.P.B. manifestara a la sección esotérica que lamentaba profundamente haberlo hecho. Estas enseñanzas fueron erróneamente interpretadas por los posteriores dirigentes teosóficos, quienes cometieron varios errores fundamentales.
La descripción que daban de los Maestros se caracterizaba por una imposible infalibilidad, olvidando que Ellos también evolucionan. La enseñanza impartida fomentó un creciente interés por el autodesarrollo y un intenso enfoque sobre la liberación y el desenvolvimiento personales, pues las personas consideradas como iniciados y discípulos avanzados eran mediocres y sin mayor influencia fuera de la Sociedad Teosófica, exigiendo total devoción a los Maestros y a Sus personalidades. Decían que estos Maestros interferían en la organización de esos grupos esotéricos que afirmaban trabajar bajo Su dirección. Se Les hacía responsables de los errores cometidos por los dirigentes de los grupos, los cuales se escudaban detrás de las siguientes declaraciones: "el Maestro me dio instrucciones para que dijera...", "el Maestro desea que se haga el siguiente trabajo", o "el Maestro quiere que los miembros hagan esto o aquello". Quienes obedecían, eran considerados buenos, y a los que no se interesaban ni obedecían, se los consideraba como renegados. Se infringía constantemente la libertad individual y se justificaban las debilidades y ambiciones de los dirigentes. A.A.B., en conocimiento de esto, rehusó tomar parte en tales actividades, pues ésta es la historia de la generalidad de todos los grupos esotéricos que atraen al público. Aunque yo hubiera querido trabajar en esas condiciones -algo que ningún miembro de la Jerarquía hace- ella no habría colaborado conmigo.
Luego escribió Cartas sobre Meditación Ocultista. Estas cartas proporcionaron, en cierta medida, un nuevo acercamiento a la meditación, basada en el reconocimiento del alma en cada persona y no en la devoción a los Maestros. A éste siguió Tratado sobre Fuego Cósmico. Este libro constituye una ampliación (ampliación esperada) de las enseñanzas difundidas en el libro La Doctrina Secreta sobre los tres fuegos -fuego eléctrico, fuego solar y fuego por fricción; también presenta la clave sicológica de La Doctrina Secreta y deberá ser estudiado por los discípulos e iniciados al finalizar este siglo y comenzar el próximo, hasta el año 2025.
Después A.A.B. pensó que sería de valor para mí y el trabajo, escribir libros útiles para los estudiantes, además de la trascripción de mis escritos y apuntes, en el idioma original inglés, e ideamos hacerlo juntos, lo cual me incitó a pensar y trasmitir ideas, que constituyó mi deber hacer públicas. El promedio general de síquicos y médium no poseen mayormente un alto grado de inteligencia; A.A.B. deseaba demostrar (para ayudar al trabajo del futuro) que puede hacerse un trabajo netamente síquico e inteligente al mismo tiempo. Por esta razón escribió cuatro libros que son el producto de su propio esfuerzo:

La Conciencia del Atomo
El Alma y su Mecanismo
Del Intelecto a la Intuición
De Belén al Calvario.

También escribió, con mi colaboración, un libro titulado La Luz del Alma, donde doy una paráfrasis en inglés, de los Aforismos sánscritos de la yoga de Patanjali, colaborando con ella en los comentarios y consultándome ocasionalmente para estar segura del significado.
A éste siguió Tratado sobre Magia Blanca, escrito hace unos años, que en forma de capítulos enviaba a los estudiantes avanzados de la Escuela Arcana, únicamente como material de lectura. Es el primer libro publicado que trata del entrenamiento y el control del cuerpo astral o emocional. Se han escrito muchos libros ocultistas sobre el tema del cuerpo físico y su purificación; también sobre el vehículo etérico o vital, y la mayoría es recopilación de otros libros, antiguos y modernos. En este libro se intenta entrenar, al aspirante moderno, en el control de su cuerpo astral, con ayuda de la mente, a medida que es iluminada por el alma.
El siguiente fue Tratado sobre los Siete Rayos; es un libro muy extenso y aún no ha sido terminado. Consta hasta ahora de cuatro tomos, dos de los cuales ya fueron publicados; el tercero está por publicarse y el último está en preparación. Los tomos I y II tratan sobre los siete rayos y sus siete tipos sicológicos, poniendo los cimientos para la nueva sicología, pues la sicología moderna, por más que sea materialista, ha establecido bases sólidas. El tomo III está íntegramente dedicado al tema de la astrología esotérica y constituye en sí una unidad completa. Está destinado a difundir la nueva astrología, basada en el alma, no en la personalidad. El horóscopo confeccionado por la astrología ortodoxa predice la suerte y el destino de la personalidad, y cuando dicha personalidad está poco evolucionada o medianamente desarrollada, puede ser y con frecuencia es asombrosamente correcto. Sin embargo, en los casos de personas muy evolucionadas, aspirantes, discípulos e iniciados, que comienzan a controlar sus estrellas y por consiguiente sus acciones, no resulta tan exacto. Los sucesos y acontecimientos de sus vidas son impredecibles. La nueva y futura astrología se esfuerza por dar la clave del horóscopo del alma, condicionado por el rayo del alma y no por el rayo de la personalidad. He impartido bastante como para capacitar a los astrólogos, que tengan interés y posean una nueva inclinación, a predecir el futuro desde el ángulo de este nuevo acercamiento. La astrología es una ciencia fundamental y necesaria. A.A.B. no es versada en ello ni sabe confeccionar un horóscopo, tampoco conoce los nombres de los planetas ni las casas que rigen. Por lo tanto, soy absolutamente responsable de lo que aparece en él y en todos mis libros, excepto, como ya he explicado, el libro La Luz del Alma.
El tomo IV versa sobre el tema de la curación y la construcción del puente, el antakarana, que elimina la separatividad existente entre la mónada y la personalidad. También se dan las Catorce Reglas que deben dominar quienes se preparan para la iniciación. (Posteriormente, El Tibetano y A.A.B. decidieron publicar estas reglas en un tomo aparte. Por lo tanto, apareciendo luego el tomo V de Tratado sobre los Siete Rayos). Quisiera llamar la atención acerca de este último tema, recordándoles que A.A.B. nunca hizo la menor alusión, pública o privada, de que es un iniciado. Sabe que ello es contrario a la Ley, y oyó a muchas personas de escasa luz espiritual o capacidad intelectual, hacer tal afirmación, produciendo el consiguiente daño, menoscabando la idea de la Jerarquía y la naturaleza del adepto, ante los ojos del público observador. Soy absolutamente responsable de las Catorce Reglas y de su elucidación y aplicación. A.A.B. nunca pretendió ser más que un discípulo activo ocupado en el trabajo mundial (lo cual no se puede negar), y ha reiterado constantemente que la legítima palabra "discípulo" no admite controversia, así también como es la más exacta para ser aplicada a las distintas categorías de trabajadores de la Jerarquía, desde el discípulo probacionista, apenas afiliado a algunos discípulos de la Jerarquía, hasta la influencia misma del Cristo, el Maestro de Maestros e Instructor del ángeles y hombres. Constantemente se opone, con mi total aprobación, a la malsana curiosidad respecto de títulos y categorías, lo cual constituye una plaga en muchos grupos esotéricos, y conduce a la competencia desmedida, envidia, críticas y pretensiones, que caracterizan a la generalidad de esos grupos ocultistas, inutilizando la mayoría de sus publicaciones e impidiendo al público recibir las enseñanzas en toda su pureza y sencillez. Estado y título, categoría y posición, nada significan. Lo que vale es la enseñanza, es decir, su verdad y su llamado intuitivo. Esto debe tenerse constantemente presente. Los discípulos aceptados, reconocen al Maestro internamente -lo cual puede ser corroborado por sus discípulos y utilizado por el Maestro como condición real-, lo conocen, aceptan Sus enseñanzas y es considerado por ellos como su Maestro, pero no lo hacen con el mundo externo.
Mis libros han sido publicados constantemente durante años. Cuando halla terminado el Tratado sobre los Siete Rayos y editado un pequeño libro titulado Espejismo (Glamour) y también El Discipulado en la Nueva Era, A.A.B. habrá terminado su trabajo en colaboración conmigo, entonces podrá reasumir su tarea como discípulo en el Ashrama de su propio Maestro.

(3) De "Autobiografía Inconclusa", A.A.B., apéndice, págs. 183 a 186.

 

LA LIMITACION DE LAS PALABRAS

Las palabras no alcanzan a expresar el objetivo fijado, y el lenguaje obstaculiza más bien que ayuda. El pensamiento humano está entrando ahora en un campo, para el cual no existe hasta hoy ninguna verdadera forma de expresión; no existen términos adecuados y las palabras símbolos dice muy poco. Cuando se inventó el automóvil la radio, fue necesario crear una serie de términos, frases, sustantivos y verbos totalmente nuevos; así, en el futuro, el descubrimiento de la realidad de la existencia del alma deberá ser encarado con un nuevo lenguaje. Un hombre de la era Victoriana que escuchara el léxico técnico desde los actuales laboratorios de radio, o el empleado en los talleres actuales, no comprendería absolutamente nada. Del mismo modo, el sicólogo moderno muchas veces ignora y no comprende lo que tratamos de decir, porque no se ha desarrollado aún el nuevo léxico y los antiguos términos son inadecuados. En consecuencia, sólo puedo emplear los términos que me parecen ser más convenientes, sabiendo que no expreso la verdadera significación de mis ideas y, por lo tanto, sólo obtienen una comprensión y concepción aproximadas de las ideas que me esfuerzo por exponer.(4)


(4) De "El Alma, cualidad de la Vida", A.A.B., pág. 13. Este a su vez de "Tratado sobre los Siete Rayos Tº II, págs. 326-7.

 

ACERCA DEL SIMBOLISMO(5)


"... quisiera decir algunas palabras acerca del simbolismo que emplearemos al referirnos al control del ego y de la personalidad. Todo lo que se diga al respecto intenta definir y considerar lo que es realmente indefinible, fugaz y sutil, y aunque se lo denomine energía o fuerza, tales palabras no imparten la verdadera idea. Por consiguiente al leer y considerar este tratado de sicología, se debe recordar que hablamos en símbolos, lo cual es inevitable porque nos referimos a la expresión de la divinidad en tiempo y espacio, y hasta que el hombre no sea conscientemente consciente de su divinidad y lo demuestre, sólo es posible hablar en parábolas y metáforas de significado simbólico, para que sean corroboradas por medio de la percepción mística y la sabiduría del hombre iluminado. Sin tener una verdadera comprensión del significado de las palabras empleadas, se dice comúnmente que nos ocupamos de fuerzas y energías, las cuales, a medida que siguen su curso cíclicamente y actúan sobre otras energías y potencias y se entremezclan con ellas, producen esas formas de materia y sustancia que constituyen la apariencia y expresan la cualidad de esas grandes y omniabarcantes Vidas y de la Vida en la cual todo "vive, se mueve y tiene su ser".
La conciencia de una vida tras otra se va desenvolviendo secuencialmente de una existencia a otra, reconociendo y comprendiendo que estas vidas son en sí la suma total de todos los poderes y energías cuya voluntad es crear y manifestarse. Sin embargo, al considerar dichas energías y fuerzas, no es posible expresar su apariencia, cualidad y propósito, excepto en forma simbólica."

(5) De Tratado sobre los Siete Rayos, Tº II, "Sicología Esotérica", pág. 17.

 

OBSERVACIONES(6) (de Prefacio)

Al estudiar y considerar cuidadosamente las ideas expuestas en este libro deben tenerse presente ciertos conceptos básicos:
Primero, que lo más importante para el estudiante no es la personalidad de determinado instructor, sino el grado de verdad que éste representa, de ahí la capacidad para discernir entre la verdad, la verdad parcial y lo falso.
Segundo, que el acercamiento de la enseñanza esotérica trae acrecentada responsabilidad exotérica. Cada estudiante debe hacer un consciente balance de sí mismo, y recordar que la comprensión llega aplicando al problema y medio ambiente inmediatos el grado de verdad captada, y que la conciencia se expande empleando la verdad impartida.
Tercero, que la adhesión dinámica en el sendero elegido y una firme perseverancia para vencer y permanecer inconmovible ante todo lo que pueda acontecer, son requisitos indispensables que conducen al portal de acceso a un reino, a una dimensión y a un estado del ser, conocido interna o subjetivamente. Este estado de comprensión produce cambios en la forma y en el medio ambiente, comparables a su poder.
Estas tres sugerencias merecen un minucioso estudio y su significación deberá ser captada en cierta medida, antes de lograr un real progreso. No me corresponde indicar la aplicación individual y personal de las enseñanzas impartidas. Esto lo debe hacer cada estudiante por sí mismo.
"Has conservado inteligentemente las enseñanzas, libre de toda autoridad extraña, y no hay en tus libros principios esotéricos de autoridad o respaldo jerárquico, tales como los que han producido las estrechas limitaciones de ciertos organismos y grupos eclesiásticos tan diferentes como la Iglesia Católica, la Ciencia Cristiana y aquellos que creen en la inspiración verbal de las Escrituras y en numerosas asociaciones denominadas esotéricas. La desgracia de muchos grupos ha sido ese constante rumoreo: "Aquellos que saben, desean..." "El Maestro dice" "Los Grandes Seres Ordenan..." y el grupo, como rebaño de ovejas, se atropella ciegamente en el afán de obedecer. Creen que mediante su mal orientada devoción se relacionarán con ciertos personajes autorizados, acortando así el camino para llegar al cielo.
Has sabido conservar y cuidar sabiamente los libros, de las reacciones de aquellos que pretenden ser maestros, adeptos e iniciados. Mi anonimato y estado deben ser respetados, y mi rango debe ser considerado sólo como el de un estudiante más avanzado, el de un aspirante a esa expansión de conciencia, que para mí significa un paso más. Sólo es importante la parte de verdad que pueda exponer; sólo es vital la inspiración y la ayuda que pueda dar a cualquier peregrino en el sendero; lo que he aprendido por medio de la experiencia está a disposición de todo aspirante sincero; y la amplitud de visión que puedo impartirles (debido a que he escalado la montaña un poco más), es mi principal aporte. Los estudiantes son libres de reflexionar sobre estos puntos y de prescindir de inútiles especulaciones acerca de las informaciones detalladas sobre personalidades insignificantes y condiciones ambientales."
El tema a tratar será la Magia del Alma, y el pensamiento clave de todo lo que pueda aparecer en este libro, lo hallarán en las palabras del Bhagavad Gita:

"Aunque soy el que no ha nacido, el alma que no muere; aunque soy el Señor de los Seres; no obstante, como señor de mi naturaleza, me manifiesto por medio del poder mágico del Alma". B.G., IV, 6.

Lo estadístico y lo académico son bases necesarias y pasos preliminares en la mayoría de los estudios científicos, pero en este libro centraremos la atención sobre el aspecto vida y la aplicación práctica de la verdad a la vida diaria del aspirante. Estudiaremos cómo llegar a ser magos prácticos y en qué forma podemos vivir mejor la vida del hombre espiritual y la del aspirante al discipulado aceptado, en esta peculiar época, estado y medio ambiente.
Para lograrlo, tomaremos las Quince Reglas para la Magia, de mi libro anterior Tratado sobre Fuego Cósmico. Las comentaré sin ocuparme de su significado cósmico o solar, o de otras analogías y correspondencias; pero aplicándolas al trabajo del aspirante y dando sugerencias prácticas para desarrollar mejor el contacto y la manifestación del alma. Daré por sentado que los estudiantes poseen ciertos conocimientos, y supongo que podrán seguirme y comprender algunos términos técnicos que me veré obligado a emplear. No trato con infantes, sino con personas maduras que han elegido determinado camino y se han comprometido a "caminar en la luz".
En este libro me propongo hacer cuatro cosas y atraer tres tipos de personas. Referente a su enseñanza, se basa sobre cuatro postulados fundamentales que intentan:

1.
Enseñar las leyes de la sicología espiritual como distintas de las de la sicología mental y emocional.

2. Aclarar la naturaleza del alma humana y sus relaciones con el sistema y el cosmos. Como paso preliminar esto incluirá su relación con el grupo.

3. Demostrar las relaciones entre el yo y las envolturas que ese yo pueda utilizar, y así aclarar el pensar general respecto a la constitución del hombre.

4. Elucidar el problema de los poderes supranormales y dar las reglas para su desarrollo útil y sin peligro.

Nos hallamos al final de un período de transición, y los reinos más sutiles de la vida nunca estuvieron tan cercanos; los fenómenos inusitados y los acontecimientos inexplicables son ahora más comunes que en épocas anteriores, y lo telepático, lo síquico y lo peculiar, atraen la atención de los escépticos, de los científicos y de quienes estudian religión. Generalmente se buscan razones para explicar la aparición de lo fenoménico, y se forman asociaciones para su investigación y demostración. Además, muchas personas se desvían del camino en el afán de promover en sí mismas condiciones síquicas y factores que producen energía y dan origen a la manifestación de peculiares poderes. Este libro tratará de adaptar la información suministrada al esquema de vida tal como lo reconocemos hoy, y demostrar cuán básicamente natural y verídico es todo aquello que se califica de misterioso. Todas las cosas están sujetas a la ley, y las leyes deben ser explicadas, ahora que el hombre ha llegado a una etapa de desarrollo en que puede aprender más exactamente su belleza y realidad.
Tres tipos de personas responderán a la enseñanza de este libro, y son:

1. Esos investigadores de mente abierta, dispuestos a aceptar los fundamentos como hipótesis aplicables, hasta demostrar que son erróneas. Serán francamente agnósticos, pero, en su búsqueda de la verdad, deben estar dispuestos temporáriamente a ensayar los métodos y seguir las sugerencias presentadas a su consideración.

2. Los aspirantes y discípulos estudiarán este tratado a fin de comprenderse mejor a sí mismos para poder ayudar al prójimo. No aceptarán ciegamente sus dictámenes, sino que experimentarán, comprobarán y corroborarán, cuidadosamente las etapas y pasos expuestos aquí en esta sección de las enseñanzas de la Sabiduría Eterna.

3. Los iniciados arribarán a un significado que no será evidente para los del primer grupo, y sólo es sospechado por los miembros más avanzados del segundo. Internamente conocen la verdad de muchas de las afirmaciones, pero comprenderán la actuación subjetiva de muchas de las leyes. Estas leyes de la naturaleza producen efectos en tres esferas distintas:

a.
Físicamente, donde se demuestran como efectos en la forma densa.
b. Etéricamente, donde se manifiestan como energía que subyace detrás de esos efectos.
c. Mentalmente, donde conciernen a los impulsos que producen los otros dos.

(6) De "Tratado sobre Magia Blanca" (o "El camino del Discípulo") de A.A.B., págs. 15-18.

POSTULADOS(7)
Este libro(8) se ocupará más específicamente del desarrollo y desenvolvimiento humanos y elucidará las causas responsables de los efectos actuales, señalando el futuro y sus posibilidades y la naturaleza de las potencialidades en desarrollo.
Este libro también versará sobre cuatro postulados fundamentales que el estudiante tendrá que aceptar en carácter de hipótesis, digna de consideración y comprobación. A ningún investigador sincero de la Sabiduría Eterna se le exige ciega aceptación de cualquier presentación de la verdad; no obstante, se le pide que mantenga una mente abierta y seriamente valore y considere las teorías e ideales, las leyes y verdades, que han llevado a muchas personas de la oscuridad a la luz del conocimiento y la experiencia. Los postulados podrían ser enumerados de la siguiente manera, por orden de importancia:

I. El primer postulado es que existe en nuestro universo manifestado la expresión de una Energía o Vida, causa responsable de las diversas formas y de la vasta jerarquía de seres sensibles que componen la totalidad de cuanto existe. Esta es la denominada teoría hilosoísta, aunque el término sólo sirve para confundir. Esta gran Vida es la base del; Monismo, y todos los hombres iluminados son monistas. "Dios es uno", es la expresión de la verdad. Una sola vida impregna todas las formas y éstas son las expresiones en tiempo y espacio, de la energía universal central. La Vida en manifestación produce existencia y ser, por lo tanto es la causa raíz de la dualidad. Esta dualidad, que se percibe cuando está presente la objetividad, y desaparece cuando el aspecto forma se desvanece, tiene muchos nombres, de los cuales y para mayor claridad podríamos enumerar los más comunes:

Espíritu
Vida
Padre
Positivo
Oscuridad

Materia
Forma
Madre
Negativo
Luz

Los estudiantes deben mantener en la mente esta unidad esencial, aún cuando hablen (como deberán hablar) en términos finitos de esa dualidad, que cíclicamente se evidencia en todas partes.

II.
El segundo postulado surge del primero, y afirma que la Vida Una, que se manifiesta a través de la materia, produce un tercer factor que es la conciencia. Esta conciencia, resultado de la unión de los dos polos opuestos, espíritu y materia, constituyen el alma de todas las cosas; compenetra toda sustancia o energía objetiva; subyace en todas las formas, ya sea la de esa unidad de energía que llamamos átomo o la de un hombre, un planeta o un sistema solar. Esta es la Teoría de Autodeterminación, o la enseñanza de que todas las vidas, de las cuales está formada la vida una, cada una en su esfera y modo de ser, se embeben de materia, por así decirlo, y asumen formas por cuyo intermedio su peculiar y específico estado de conciencia puede ser comprendido y su vibración estabilizada; así pueden conocerse a sí mismas como existencias. Nuevamente la vida una se convierte entonces en una entidad estabilizada y consciente mediante el sistema solar, siendo por lo tanto esencialmente la suma total de energías de todos los estados de conciencia y de todas las formas de existencia. Lo homogéneo se vuelve heterogéneo, y sin embargo permanece siendo unidad; el uno se manifiesta en diversidad, y no obstante, es inmutable; la unidad central es conocida en tiempo y espacio compuesta y diferenciada, y sin embargo cuando no existan tiempo y espacio (pues no son más que estados de conciencia) sólo permanecerá la unidad y únicamente persistirá el espíritu, además de una acrecentada acción vibratoria y la capacidad para intensificar la luz cuando retorne el ciclo de manifestación.
Dentro de la pulsación vibratoria de la Vida una en manifestación, todas las vidas inferiores repiten el proceso del ser -Dioses, ángeles, hombres y miríadas de vidas que se expresan mediante las formas de los reinos de la naturaleza y las actividades del proceso evolutivo. Todo llega a ser autocentrado y autodeterminado.

III.
El tercer postulado fundamental es que el desenvolvimiento de la conciencia o la revelación del alma, constituye el objetivo por el cual la vida adquiere forma y también el propósito por el cual se manifiesta el ser. Esto puede ser denominado La Teoría de la Evolución de la Luz. Si se tiene en cuenta que el científico moderno sostiene que la luz y la materia son términos sinónimos, haciéndose eco de las enseñanzas de Oriente, es evidente que mediante la interacción de los polos y la fricción de los pares de opuestos, surge la luz. La meta de la evolución consiste en una serie graduada de manifestaciones de luz. Velada y oculta en todas las formas se halla la luz. A medida que la evolución avanza, la materia se convierte en un buen conductor de luz, demostrando así la exactitud de la afirmación de Cristo, "Yo Soy la Luz del Mundo".

IV.
El cuarto postulado sostiene que todas las vidas se manifiestan cíclicamente. Esta es La Teoría del Renacimiento o de la reencarnación, demostración de la ley de periodicidad.
Tales son las verdades subyacentes que constituyen la base de la Sabiduría Eterna -o la existencia de la vida y el desarrollo de la conciencia, mediante la cíclica adquisición de la forma.
En este tratado se hará hincapié en la minúscula vida; el hombre "hecho a imagen de Dios", que mediante la reencarnación desarrolla su conciencia hasta florecer como alma perfeccionada, cuya naturaleza es luz y cuya comprensión es la de una identidad autoconsciente. Esta unidad desarrollada debe oportunamente fusionarse, participando con plena inteligencia en esa conciencia mayor de la cual forma parte.

(7) De "Tratado sobre Magia Blanca" (o "El camino del Discípulo") de A.A.B., págs. 18-20.
(8) Tratado sobre Magia Blanca" de A.A.B.

 

ACERCA DE LA CIENCIA ESOTERICA(9)

NATURALEZA DEL ESOTERISMO

Una de las más inadecuadas definiciones dadas sobre el esoterismo es la que concierne a lo que está oculto y velado, pero aunque se lo presiente, se desconoce. Con ello se quiere insinuar que ser esoterista es estar entre quienes tratan de penetrar en cierto reino secreto, donde no se permite entrar al estudiante común. Si esto fuera todo, entonces el desarrollo de cada científico y místico representaría el acercamiento de tipo mental y de tipo emocional al mundo del esoterismo y de las realidades ocultas, lo cual no sería exacto. El místico jamás es un verdadero esoterista, porque no se ocupa conscientemente de fuerzas ni de energías sino de algo indefinido llamado Dios, Cristo, Bienamado y que es, por lo tanto, aquello que satisface el ansia de su alma. El científico que actualmente estudia y penetra con tanta rapidez en el mundo de las fuerzas y las energías es, en realidad, un verdadero esoterista, aunque en su esfuerzo por controlar las energías que busca, niega su fuente de origen. Esto no tiene importancia, porque más adelante reconocerá la fuente de donde emanan.
El acercamiento fundamental de quienes tratan de captar el esoterismo o enseñarlo a los estudiantes, consiste en hacer hincapié en el mundo de las energías y reconocer que detrás de todo lo que acontece en el mundo de los fenómenos (quiero significar los tres mundos de la evolución humana), existe el mundo de las energías, las cuales son de mayor diversidad y complejidad, pero todas se mueven y actúan bajo la ley de Causa y Efecto. Es innecesario señalar la naturaleza práctica de esta definición, como también indicar como puede ser aplicada a la vida del aspirante, a la de la comunidad y a la de los asuntos mundiales, o su aplicación en los condicionantes niveles inmediatos de las energías espirituales experimentales que constantemente tratan de hacer impacto o contacto, con el mundo de los fenómenos. Esto lo hacen bajo la dirección espiritual, a fin de complementar el Plan. Lo afirmado anteriormente es de vital importancia; las demás afirmaciones están implícitas en ello, y es la primera verdad importante que sobre el esoterismo debe conocer y aplicar cada aspirante a los misterios y a la universalidad de lo que mueve los mundos y fundamenta el proceso evolutivo. La primera tarea del esoterista consiste en captar la naturaleza de las energías que tratan de condicionarlo y que se expresan en el plano físico a través de su equipo o vehículo de manifestación. Por consiguiente, el estudiante esoterista debe comprender que:


1. Es un conjunto de fuerzas heredadas y condicionadas por lo que ha sido, además de una gran fuerza opositora que no es un principio y que llamamos cuerpo físico.


2. Es sensible a ciertas energías que aunque hoy desconoce y no puede utilizar, debería ser cada vez más consciente de ellas si quiere penetrar con más profundidad en el mundo de las fuerzas ocultas. Tales energías podrían ser malignas para él si trabajara con ellas y, por lo tanto, debe saber diferenciarlas y descartarlas; hay otras energías que deberá aprender a emplear porque son benéficas y aumentarán su conocimiento, por lo tanto, debe considerárselas como buenas. Tengan en cuenta que las energías en sí no son buenas ni malas. La Gran Logia Blanca, nuestra Jerarquía espiritual, y la Logia Negra, emplean las mismas energías universales, pero con diferentes móviles y objetivos; ambas están formadas por esoteristas entrenados.
Por lo tanto el esoterista en entrenamiento debe:


1.
Llegar a ser consciente de la naturaleza de las fuerzas que constituyen el equipo de su personalidad y que él mismo ha manifestado magnéticamente en los tres mundos, las cuales forman una combinación de fuerzas activas. Aprender a diferenciar entre la energía estrictamente física, que responde automáticamente a energías internas y a otras, y las que vienen de los niveles emocionales y mentales de la conciencia, las cuales se enfocan a través del cuerpo etérico; esto moviliza y energetiza a su vez a su vehículo físico para ciertas actividades.


2.
Llegar a ser sensible a las energías impulsoras del alma, que emanan de los niveles mentales superiores, las cuales tratan de controlar las fuerzas del triple hombre cuando ha alcanzado cierto grado definido de evolución.


3. Reconocer las energías que condicionan su medio ambiente, viéndolas no como hechos o circunstancias sino como energías en acción; por ese medio aprende a abrirse camino detrás de la escena de los acontecimientos externos y llega al mundo de las energías, tratando de hacer contacto y capacitarse para llevar a cabo ciertas actividades. Así penetra en el mundo de los significados. Los hechos y circunstancias, los acontecimientos y fenómenos físicos de todo tipo, son simplemente símbolos de lo que ocurre en los mundos internos, mundos que debe penetrar el esoterista hasta donde se lo permita su percepción; por lo tanto descubrirá secuencialmente mundos que le exigirán su penetración científica.
4. Para la mayoría de los aspirantes la Jerarquía es un reino esotérico que demanda ser descubierto y acepta ser penetrado. Elijo mis palabras cuidadosamente a fin de evocar una respuesta esotérica.

... reconocer entre la energía y la fuerza, saber discriminar entre los diversos tipos de energía, tanto respecto a ellos mismos como a los asuntos mundiales, y comenzar a relacionar lo que se ve y experimenta con lo invisible, lo que condiciona y lo que determina. Esta es la tarea del esoterista.

... Las iglesias y los hombres deben aprender que nada existe en el mundo de fenómenos, de las fuerzas y de las energías, que no pueda ser controlado por lo espiritual. Todo lo que existe es, en realidad, espíritu en manifestación.

Los pueblos están adquiriendo mentalidad política y esto los Maestros lo ven como un gran paso hacia adelante. Un gran progreso se habrá obtenido cuando las personas espiritualmente orientadas incluyan esta zona relativamente nueva del pensamiento humano y su actividad internacional, dentro del campo de su investigación esotérica.

... El esoterismo no es, de ningún modo, de naturaleza mística e indefinida. Es una ciencia -esencialmente la ciencia del alma de todas las cosas- y tiene su terminología y leyes propias. Cuando digo alma me refiero a la conciencia animadora que se halla en la naturaleza toda y en los niveles que están fuera de la zona que generalmente llamamos naturaleza. Los estudiantes suelen olvidar que todo nivel de conciencia, desde el superior al inferior, es un aspecto del plano físico cósmico y, en consecuencia -desde el punto de vista del proceso evolutivo-, es de naturaleza material y desde el punto de vista de determinados Observadores divinos- es absolutamente tangible y está formado de sustancia creadora. El esoterista trabaja todo el tiempo con sustancia; tiene que ver con esa sustancia viviente y vibrante de que están hechos los mundos y que -heredada de un sistema solar anterior- está matizada por los hechos pasados y, como ya se ha dicho, "teñida por el karma". También debe observarse que así como el plano físico, tan familiar para nosotros, no es considerado por el estudiante esoterista como un principio, tampoco el plano físico cósmico (desde el punto de vista de las vidas cósmicas) no es análogamente un principio. He aquí mucho material para reflexionar.
Podría afirmarse que el esoterista se ocupa de descubrir y trabajar con esos principios que energetizan cada nivel del plano físico cósmico, pero que en realidad son aspectos de la energía vital cualificada que actúa dentro de la sustancia sin principio y a través de ella. La tarea del estudiante consiste en no prestar atención a la sustancia forma de la existencia y llegar a ser consciente de lo que fue la fuente de producción de la forma, en cualquier nivel específico. Su tarea radica en desarrollar en sí mismo la necesaria sensibilidad y respuesta a la cualidad de la vida que predomina en cada forma, hasta que llega, con el tiempo, a obtener la cualidad de la VIDA UNA que anima al planeta, dentro de Cuya actividad vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser.
Para lograr esto debe, antes que nada, descubrirse la naturaleza de sus propias energías cualificadas (aquí tiene cabida la naturaleza de los rayos regentes), las cuales se expresan por medio de sus vehículos inferiores de manifestación, y después por medio de su personalidad integrada. Después de lograda una parte de este conocimiento y orientarse hacia el aspecto de la vida cualificada, el estudiante empieza a desarrollar el mecanismo interno y sutil, mediante el cual puede establecer contacto con aspectos más generales y universales. Aprende así a diferenciar entre la cualidad o las predisposiciones kármicas de la sustancia sin principio de la que está hecha su forma, y todas las formas, y los principios cualificados que tratan de expresarse por medio de esas formas e, incidentalmente, redimirlas, salvarlas y purificarlas, a fin de que la sustancia del próximo sistema solar sea de un orden superior a la del actual, y pueda, en consecuencia, responder mejor al aspecto voluntad del Logos.

... El estudio esotérico, unido a una forma de vivir esotérica revela a su debido tiempo el mundo de los significados y conduce oportunamente al mundo de las significaciones. El esotérico procura descubrir la razón de los por qué; lucha con el problema de los hechos, acontecimientos, crisis y circunstancias, a fin de lograr el significado que éstos puedan tener para él; cuando descubre el significado de cualquier problema específico lo utiliza como estímulo para penetrar más profundamente en el mundo de significados que le fue recientemente revelado; entonces aprende a incorporar sus pequeños problemas personales al Todo mayor, perdiendo así de vista el yo inferior y descubriendo al yo superior. El verdadero punto de vista esotérico es siempre el del Todo mayor. El estudiante ve el mundo de significados como una red intrincada y extendida sobre todas las actividades y los aspectos del mundo fenoménico. La trama etérica es el símbolo y el diseño de esta red, que se encuentra entre los centros situados a lo largo de la columna vertebral del individuo, su analogía microcósmica, como si fuera una serie de puertas de entrada al mundo más amplio de significados. Esto en realidad concierne a la verdadera Ciencia de los Centros, a la cual me he referido con frecuencia. Son modos de entrar conscientemente (cuando se desarrollan y funcionan) en un mundo de realidades subjetivas y en ciertas fases hasta ahora desconocidas de la conciencia divina.
Sin embargo, el esoterismo no se preocupa de los centros como tales, puesto que no es un esfuerzo para despertar científicamente los centros, como creen muchos estudiantes. El esoterismo en realidad, es el entrenamiento para obtener la capacidad de actuar libremente en el mundo de los significados; no se ocupa de ningún aspecto de la forma mecánica, sino totalmente del aspecto alma -el aspecto del Salvador, del Redentor y del Intérprete- y del principio mediador entre la vida y la sustancia. Este principio mediador es el alma del aspirante o discípulo individual (si se pueden emplear términos que inducen a engaño), y es también el "anima mundi" de la totalidad del mundo.
El esoterismo implica, por lo tanto, vivir una vida a tono con las realidades subjetivas internas, posible únicamente cuando el estudiante está inteligentemente polarizado y mentalmente enfocado, siendo de utilidad sólo cuando él puede moverse entre estas realidades internas con destreza y
comprensión. El esoterismo implica además comprender la relación que existe entre las fuerzas y energías y el poder de utilizar la energía para reforzar y luego emplear en forma creadora las fuerzas con las cuales ha entrado en contacto, de allí su redención. El esoterismo usa las fuerzas del tercer aspecto (el de la sustancia inteligente) como receptoras de las energías de los dos aspectos superiores, y al hacerlo salva así a la sustancia. Es también el arte de hacer "descender a la tierra" esas energías que emanan de fuentes superiores, para "arraigarlas" o introducirlas. Un ejemplo ilustrativo lo tenemos en la actividad esotérica de un grupo mundial de estudiantes, que dio por resultado la divulgación de la enseñanza sobre el Nuevo grupo de Servidores del Mundo(10) , introduciendo y fijando en la conciencia dela humanidad la realidad de la existencia y del trabajo de este grupo fundamentalmente subjetivo; así se centralizó el trabajo de este grupo y su actividad redentora se intensificó.
Toda verdadera actividad esotérica produce luz e iluminación; trae como resultado la intensificación y cualificación de la luz heredada de la sustancia mediante la luz superior del alma -en el caso de que la humanidad obrara conscientemente. Por consiguiente, podemos definir el esoterismo y su actividad en términos de luz, pero me abstengo de hacerlo debido a la vaguedad y a la aplicación mística realizada hasta ahora por los esoteristas en décadas pasadas. Si los esoteristas aceptaran en su forma más simple el pronunciamiento de la ciencia moderna, que sustancia y luz son términos sinónimos, y reconocieran que la luz que pueden arrojar sobre la sustancia (o sea la aplicación de la energía a la fuerza) es también de naturaleza sustancial, podría ser encarado el tema en forma mucho más inteligente. El esoterista se ocupa de la luz en sus tres aspectos, pero actualmente es preferible que se ocupe de un acercamiento diferente hasta que -mediante desarrollos, ensayos y experimentos- conozca esas triples diferenciaciones en un sentido práctico y no sólo teórico y místico. Debemos pagar algunos de los errores del pasado.
He dado diferentes definiciones en otros libros, muchas de ellas sumamente sencillas, las cuales podrán tener hoy un significado, pero más adelante llegarán a tener significaciones más abstrusas.
Quisiera lanzar un desafío a todos los esoteristas para que intenten hacer el práctico acercamiento que he delineado. Les pediría que vivan una vida redentora, desarrollen la sensibilidad mental innata y actúen continuamente de acuerdo al significado que hay detrás de los asuntos mundiales, nacionales, comunales e individuales. Si lo realizan, entonces la luz brillará repentina y crecientemente sobre el camino. Por lo tanto, podrán ser portadores de luz y saber que "en esa luz verán la Luz", y también la verán sus semejantes.


EL SENTIDO ESOTERICO(11)
Se me pide que defina más claramente lo que quiero significar por "sentido esotérico". Significa, esencialmente, la capacidad de vivir y funcionar subjetivamente, poseer el constante contacto interno con el alma y el mundo en que se encuentra, y esto debe efectuarse en forma subjetiva a través del amor, demostrado activamente; de la sabiduría, constantemente difundida, y de esa capacidad de incluir e identificarse uno mismo con todo lo que respira y siente, una de las características de todo verdadero Hijo de Dios. Por lo tanto, quiero significar que se debe mantener una actitud mental interna, que puede ser orientada a voluntad en cualquier dirección. Gobernar y controlar la sensibilidad emocional, no sólo del discípulo, sino también la de aquellos con quienes entra en contacto. Por la fuerza de su pensamiento silencioso puede llevar luz y paz a todo. Por medio de ese poder mental puede sintonizarse con los pensamientos del mundo y el reino de las ideas; puede discriminar y elegir esos elementos y conceptos mentales que le permitirán, como trabajador del Plan, ejercer en su medio influencia y revestir los nuevos ideales con esa materia mental que facilitará el reconocimiento de esos ideales en el mundo común del pensamiento y del diario vivir. Esta actitud mental capacitará al discípulo para orientarse hacia el mundo de las almas, y desde ese lugar de elevada inspiración y de luz, descubrir a sus colaboradores, ponerse en comunicación con ellos y colaborar unidos en el desarrollo de las divinas intenciones.
Poseer este sentido esotérico es la principal necesidad de los aspirantes en esta época de la historia mundial. Hasta que lo capten en alguna medida y utilicen, nunca podrán formar parte del Nuevo Grupo, ni trabajar como magos blancos, y estas instrucciones seguirán siendo teóricas y principalmente intelectuales, en lugar de ser prácticas y efectivas.
Para cultivar este sentido esotérico interno es necesario, en las primeras etapas del desarrollo, una continua meditación, pero a medida que pasa el tiempo y el hombre crece espiritualmente, dará lugar forzosamente a una orientación espiritual constante y entonces la meditación diaria, como la comprendemos ahora, no será ya necesaria. El desapego del hombre por las formas que utiliza será tan completo que vivirá siempre en el "sitial del Observador", y desde ese punto y actitud dirigirá las actividades de la mente, de las emociones y de las energías, que harán posible y útil la expresión física.
La primera etapa de este desarrollo y cultivo del sentido esotérico consiste en mantener una actitud de constante y desapegada observación.

(9) De "La Educación en la Nueva Era", pág. 72, A.A.B.
(10) Sobre el N.G.S.M. se puede ver: Tratado sobre Magia Blanca o el Camino del Discípulo, págs. 291-316; y Tratado sobre los Siete Rayos, Tº II, Sicología Esotérica, Págs. 473-556; ambos libros de A.A.B.
(11) Extraído de "El Alma, Cualidad de la Vida", pág. 236/7, 1992, (a su vez de Tratado sobre Magia Blanca, pág. 430/1).



 
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