|
INTRODUCCION
AL TRATADO SOBRE FUEGO COSMICO Alice
A. Bailey en su Autobiografía Inconclusa, publicada
en 1951, narra la historia de los años dedicados al
trabajo telepático que realizó conjuntamente
con El Tibetano. Relata el primer contacto establecido con
él en el plano físico, que tuvo lugar en California,
en noviembre de 1919. El trabajo proyectado debía abarcar
un período de treinta años. Treinta y tres días
después de finalizar dicho período, Alice A.
Bailey se liberó de las limitaciones del vehículo
físico.
La Autobiografía contiene además ciertas declaraciones
hechas por El Tibetano respecto a su trabajo y explica algunas
de las razones por las cuales fue emprendido. Durante las
primeras etapas se debía poner cuidadosa atención
a esas condiciones imperantes en el plano físico que
aseguraran mejor el éxito del proceso telepático.
En años posteriores la técnica llegó
a ser tan perfecta y el mecanismo etérico de Alice
A. Bailey estaba tan finamente sincronizado y ajustado que
prácticamente el proceso no exigía esfuerzo
alguno, quedando así demostrada, en grado sumo, la
realidad y utilidad práctica del intercambio telepático.
En muchos casos, la mente concreta inferior (frecuentemente
restringida por el idioma) al exponer verdades espirituales
se veía obligada a expresar ideas abstractas y conceptos
sobre realidades espirituales hasta ahora desconocidas. Repetidas
veces se les ha prevenido, a quienes leen libros recibidos
telepáticamente, respecto a las limitaciones que existen
para expresar la verdad, lo cual frecuentemente se olvida.
Su constante repetición constituirá en el futuro
uno de los principales factores que evitará la cristalización
de la enseñanza y que ésta se convierta en otro
culto sectario y dogmático.
Este Tratado sobre Fuego Cósmico se publicó
en inglés en 1925; constituyó el tercer libro
escrito en colaboración, e inherentemente evidencia
que perdurará como lo más importante y de mayor
trascendencia de la enseñanza impartida durante treinta
años, a pesar de la profundidad y el valor contenidos
en la serie de tomos titulados Tratado sobre los Siete Rayos
o en otros de sus libros.
Durante ese extenso período de trabajo, El Tibetano
y Alice A. Bailey, lograron armonizar en tal forma sus mentes
que constituían -en lo que se refiere a la mayor parte
de la enseñanza impartida- un solo y recíproco
mecanismo de proyección. Hasta el final de sus días
Alice A. Bailey solía referirse a la admiración
que le causaba lo que pudo columbrar a través de la
mente de El Tibetano, respecto a las limitadas perspectivas
de las verdades espirituales, que de otra manera no hubiera
podido obtener y cuya cualidad le era imposible describir.
Esta experiencia constituyó la base de su frecuente
y a menudo incomprendida expresión de que todas las
enseñanzas que ayudaba a difundir eran tan sólo
el abc del conocimiento esotérico, y que en el futuro
abandonaría cualquier enunciado de la presente enseñanza
si hallaba otra mejor y más profundamente esotérica.
A pesar de la profundidad y claridad de la enseñanza
contenida en los libros publicados bajo su nombre, las verdades
expuestas en ellos son muy parciales y sujetas a revelaciones
y expansiones posteriores; recordar constantemente este hecho,
proporcionará una segunda defensa contra esa cualidad
de la mente concreta que continuamente tiende a producir sectarismos.
Al iniciarse este esfuerzo unido y después de una concienzuda
consideración, El Tibetano (D.K.) y A.A.B. decidieron
que ella, como discípulo activo en el plano externo,
fuera quien se hiciese cargo, en lo posible, de la responsabilidad
kármica en dicho plano, y presentara la enseñanza
al público bajo su nombre. Dicha decisión involucraba
la responsabilidad de dirigir el campo esotérico, lo
cual desencadenó el ataque y la censura de algunas
personas y organismos cuyas actitudes y actividades eran autoritarias
y de mentalidad pisciana.
La actitud adoptada por ambos permitió eliminar la
estructura limitada sobre la cual se apoyaba la enseñanza
esotérica, su misterio, espejismo, pretensión
e impracticabilidad. Su posición contra las aseveraciones
dogmáticas ha ayudado a establecer una nueva era de
libertad mental para los estudiosos de las progresivas revelaciones
de la Sabiduría Eterna.
El antiguo método de establecer la verdad aceptando
y comparando los nuevos postulados con las doctrinas establecidas
previamente es, sin lugar a dudas, de utilidad para entrenar
la mente, pero se está superando en forma gradual.
En su lugar surge, en los campos de la religión y la
filosofía, una nueva capacitación para adoptar
una posición más científica. La enseñanza
espiritual se aceptará cada vez más como hipótesis,
pero no será comprobada por el estudio, por su base
histórica ni por su autoridad, sino por las consecuencias
que sus efectos producen en la vida y por su valor práctico
para resolver los problemas de la humanidad.
Hasta ahora, la enseñanza esotérica más
avanzada, se obtenía únicamente cuando el estudiante
aceptaba la autoridad del instructor, le prometía cierta
obediencia personal y se comprometía a guardar silencio.
A medida que progresa la nueva dispensación acuariana,
dichas limitaciones van desapareciendo. Se mantiene la relación
personal entre el discípulo y el Maestro, pero ya ha
comenzado el entrenamiento del discipulado en forma grupal.
La historia de este experimento y el intento de utilizar el
método de la nueva era se halla expuesto al público
en el libro titulado Discipulado en la Nueva Era, el cual
contiene las instrucciones dadas personalmente por El Tibetano
a un seleccionado grupo.
En este Tratado sobre Fuego Cósmico El Tibetano nos
ha dado lo que profetizó H. P. Blavatsky, a saber:
la clave sicológica de la Creación Cósmica,
H.P.B. afirmó que en el siglo xx aparecería
un discípulo que daría la clave sicológica
de su obra La Doctrina Secreta, en cuya monumental realización
El Tibetano prestó su colaboración; Alice A.
Bailey efectuó su tarea con pleno conocimiento de la
parte que le correspondía en esta secuencia.
Foster
Bailey
Tunbridge Wells.
Diciembre 1950
RESUMEN DE UNA DECLARACION HECHA POR EL TIBETANO
Publicada
en agosto de 1934
Solamente
diré que soy un discípulo tibetano de cierto
grado; esto puede significar muy poco para ustedes, porque
todos son discípulos, desde el aspirante más
humilde hasta más allá del Cristo Mismo. Tengo
cuerpo físico lo mismo que todos los hombres, resido
en los confines del Tíbet, y a veces (desde el punto
de vista exotérico), cuando me lo permiten mis obligaciones,
presido un grupo de Lamas tibetanos. A esto se debe la difusión
de que soy un abad de ese Monasterio Lamásico. Aquellos
que están asociados conmigo en el trabajo de la Jerarquía
(todos los verdaderos discípulos están unidos
en este trabajo) me conocen también con otro nombre
y cargo. A.A.B. conoce dos de mis nombres.
Soy un hermano que ha andado un poco más por el Sendero
y, por consiguiente, tengo más responsabilidades que
el estudiante común. He luchado y me he abierto un
camino hacia la luz, logrando obtener mayor luz que el aspirante
que leerá este artículo; por lo tanto tengo
que actuar como transmisor de luz, cueste lo que cueste. No
soy un hombre viejo, con respecto a lo que la edad puede significar
en un instructor, ni tampoco soy joven e inexperto. Mi trabajo
consiste en enseñar y difundir el conocimiento de la
Sabiduría Eterna dondequiera que se encuentre respuesta;
y esto lo he estado haciendo durante años. Trato también
de ayudar a los Maestros M. y K.H. en todo momento, porque
estoy relacionado con Ellos y Su trabajo. Lo expuesto hasta
aquí encierra mucho; pero tampoco les digo nada que
pueda inducirles a ofrecer esa ciega obediencia y Ponta devoción
que el aspirante emocional brinda al Gurú o Maestro
con el que aún no está en condiciones de tomar
contacto, ni podrá lograrlo hasta tanto no haya trasmutado
la devoción emocional en desinteresado servicio a la
humanidad, no al Maestro.
No espero que sean aceptados los libros que he escrito. Podrán
o no ser exactos, correctos y útiles. El lector puede
comprobar su verdad mediante la práctica y el ejercicio
de la intuición. Ni A.A.B. ni yo tenemos interés
en que se los considere como que han sido inspirados, ni tampoco
que se diga misteriosamente que son el trabajo de uno de los
Maestros. Si estos libros presentan la verdad de tal manera
que pueda considerarse como la continuación de las
enseñanzas impartidas en el mundo, y si la instrucción
suministrada eleva la aspiración y la voluntad de servir,
desde el plano de las emociones al plano mental (el plano
donde se encuentran los Maestros), entonces estos libros habrán
cumplido con su propósito. Si la enseñanza impartida
encuentra eco en la mente iluminada del trabajador mundial
y despierta su intuición, entonces acéptese
tales enseñanzas. Si estas afirmaciones son corroboradas
oportunamente y consideradas como verdaderas al ser comprobadas
por la Ley de Correspondencia, está muy bien; pero
si esto no es así, no se acepte lo expuesto.
DEL PREFACIO DE TRATADO SOBRE FUEGO COSMICO
Este
"Tratado sobre Fuego Cósmico" persigue cinco
objetivos: Primero, ofrecer un delineamiento sintético
y esquemático de cosmología, filosofía
y sicología, que quizás pueda ser utilizado
durante una generación como libro de texto y de referencias
y también como base para un estudio más detallado
a erigirse en el futuro, a medida que vaya afluyendo la gran
oleada de enseñanza respecto a la evolución.
Segundo, expresar lo subjetivo en términos comprensibles,
y señalar el nuevo paso hacia la comprensión
de la verdadera sicología. Elucidar la relación
que existe entre Espíritu y materia, la cual se manifiesta
como conciencia. Se observará que este tratado se ocupa
más del aspecto mente, de la conciencia y de la sicología
superior que de la materia, tal como se la conoce en el plano
físico. Es muy peligroso proporcionar información
acerca de las diversas energías de la materia atómica(1)
, pues la raza es aún demasiado egoísta para
confiarle tales poderes. El hombre, gracias a la competente
labor de los científicos, va rápidamente descubriendo
el conocimiento necesario. Se hallará que este libro
da trascendencia a las fuerzas responsables de la manifestación
objetiva de un Logos solar y del hombre. Sólo en la
primera parte se dan indicaciones respecto a la naturaleza
de esas energías estrictamente confinadas al plano
físico.
Tercero, evidenciar el coherente desarrollo de todo lo que
existe en un sistema solar; demostrar que todo cuanto existe
evoluciona (desde la forma de vida más inferior, en
el punto más denso de concreción hasta la más
elevada y sutil manifestación) y que las formas sólo
son expresión de una maravillosa y divina Existencia.
Esta expresión tiene origen en la fusión de
dos aspectos divinos, mediante la influencia de un tercero,
lo cual produce la manifestación que llamamos forma,
iniciando su ciclo evolutivo en tiempo y espacio. De esta
manera la forma llega a tal punto que constituye un medio
adecuado para que se manifieste la naturaleza de lo que llamamos
Dios.
Cuarto, dar información práctica acerca de los
puntos focales de energía que se encuentran en el cuerpo
etérico del Logos solar, el macrocosmos, y del hombre,
el microcosmos.
A medida que se comprenda el sustrato etérico, la verdadera
sustancia que subyace en toda forma tangible, se producirán
grandes revoluciones en los dominios de la ciencia, la medicina
y la química. Por ejemplo, el estudio de la medicina
se iniciará, con el tiempo, desde un nuevo ángulo
y se practicará basándose en la comprensión
de las leyes de irradiación, de las corrientes magnéticas,
de los centros de fuerza que se hallan en el cuerpo humano,
y su relación con los centros y corrientes de fuerza
del sistema solar.(2)
Quinto, dar alguna información, no impartida hasta
ahora exotéricamente, acerca del lugar que ocupan y
el trabajo que realizan las miríadas de vidas sensorias,
que constituyen la esencia de la objetividad; indicar la naturaleza
de esas Jerarquías de Existencias, que crean con su
propia sustancia, todo lo que se ve y se conoce, las cuales
constituyen el Fuego que produce calor, calidez, vida y movimiento
en el universo. Así se ocupará de la acción
del Fuego sobre el Agua, del Calor sobre la Materia (considerada
macrocósmica o microcósmicamente), lo cual proyectará
alguna luz sobre la Ley de Causa y Efecto (o Ley del Karma)
y el significado que tiene el sistema solar.
Resumiendo, la enseñanza de este libro deberá
traer como resultado una expansión de conciencia y
el reconocimiento de que la interpretación de los procesos
naturales, formulada por las Mentes maestras de todas las
épocas, es adecuada y constituye una base práctica,
tanto para la ciencia como para la religión. Ello tenderá
a producir una reacción en pro de una filosofía
que vincule el Espíritu y la materia y exprese la unidad
esencial de las ideas científicas y religiosas. Ambas
están hoy algo divorciadas, y sólo ahora comenzamos
a tantear nuestro camino intelectual que nos sacará
de las profundidades de la interpretación materialista.
Sin embargo, debe recordarse que bajo la Ley de Acción
y Reacción, el extenso período de ideas materialistas
ha sido necesario para la humanidad, porque el misticismo
de la Edad Media nos había llevado demasiado lejos
en la dirección opuesta. Ahora tendemos a adoptar un
punto de vista más equilibrado, y se espera que el
contenido de este tratado forme parte del proceso mediante
el cual se alcance el equilibrio. A quien lo estudie se le
pide tener presente que:
a.
Al desarrollar los temas nos ocupamos de la esencia de lo
objetivo, del aspecto subjetivo de la manifestación
y de la fuerza y la energía. Resulta casi imposible
reducir tales conceptos a fórmulas concretas y expresarlas
de tal modo que el hombre común pueda captarlas con
facilidad.
b. Al emplear palabras y frases, en términos modernos,
lógicamente se restringe y limita el tema y gran parte
de la verdad se pierde.
c. El contenido de este trabajo se ofrece sin dogmatismos,
como contribución al cúmulo de ideas relativas
a los orígenes de los mundos y como una adición
a los datos ya acumulados respecto a loa naturaleza del hombre.
La mejor solución que los hombres pueden ofrecer para
resolver el problema mundial debe forzosamente asumir un doble
aspecto. Tal solución se demostrará por medio
de una vida de servicio activo, que tienda al mejoramiento
de las condiciones ambientales y mediante la formulación
de algún esquema o plan cosmológico capaz de
justificar, en lo posible, las condiciones tal como existen.
Polemizando como hoy hacen los hombres y partiendo de la base
de lo conocido y comprobado sin ocuparse de, y sin justificar
esas causas profundamente arraigadas que se supone son producto
de lo visible y conocido, todas las soluciones hasta ahora
han fracasado y fracasarán.
d. Todo intento de formular en palabras verdaderamente
comprensibles lo que ha de ser sentido y vivido, será
indefectible y lamentablemente inadecuado. Todo cuanto se
diga sólo será una parcial exposición
de una gran Verdad velada, que se ofrece al lector y estudiante
como simple hipótesis práctica y enunciación
sugestiva. El estudiante de mente abierta y el hombre que
nunca olvida que la Verdad se revela progresivamente, saben
que la expresión más plena y posible de la verdad,
en cualquier época, aparece luego como fragmento de
un todo, y más tarde podrá ser reconocida como
parte de una realidad; de manera que en sí misma es
una distorsión de lo real.
Este tratado se ofrece con la esperanza de que sea útil
para todos los buscadores que, con mente amplia, van detrás
de la verdad, y de valor para quienes investigan la Fuente
subjetiva de todo lo tangible y objetivo. Se aspira con él
a presentar un plan, razonablemente lógico, de la evolución
del sistema, y a indicar al hombre la parte que debe desempeñar,
como unidad atómica de un grande e integral Todo. Este
fragmento de La Doctrina Secreta se ofrece al mundo, a medida
que gira la rueda evolutiva, sin pretensiones respecto a su
fuente de origen, infalibilidad o detallada exactitud de sus
afirmaciones.
Ningún libro adquiere valor por su dogmatismo o por
las declaraciones respecto a la autoridad de su fuente de
inspiración. Un libro triunfa o fracasa por su valor
intrínseco, la utilidad de las sugerencias hechas y
su poder para impulsar la vida espiritual e intensificar la
captación intelectual del lector. Si este tratado contiene
en sí, algo de la verdad y de la realidad, realizará
inevitable e indefectiblemente su cometido; trasmitirá
su mensaje, y llegará los corazones y a las mentes
de los buscadores, en todas partes. Si no tiene valor ni se
basa en la realidad, desaparecerá y perecerá,
y es justo que así sea. Todo lo que se pide a quien
lo estudie, es que lo considere con simpatía y esté
dispuesto a reflexionar los puntos de vista expuestos, con
honradez y sinceridad de pensamiento, lo cual le ayudará
a desarrollar la intuición, a formular la diagnosis
espiritual y a aplicar la discriminación, que le permitirá
rechazar lo falso y apreciar lo verdadero.
Las palabras del Buda son oportunas aquí, y constituyen
el apropiado final de esta introducción.
El
Señor Buda ha dicho:
|
que
no hemos de creer en lo dicho, simplemente porque ha sido
dicho; ni en las tradiciones, porque han sido trasmitidas
desde la antigüedad; ni en los rumores como tales;
ni en los escritos de los sabios, porque ellos lo han
escrito; ni en las fantasías que sospechamos nos
han sido inspiradas por un deva (es decir una supuesta
inspiración espiritual); ni en las deducciones
basadas en alguna suposición casual que hemos hecho;
ni por lo que parece ser una necesidad analógica;
ni por la mera autoridad de nuestros instructores o maestros,
sino que hemos de creer cuando lo escrito, la doctrina
o lo dicho, está corroborado por nuestra propia
razón y conciencia. "Por eso" dice, "les
he enseñado a no creer por el sólo hecho
de haberlo oído decir; pero cuando crean con toda
conciencia, entonces actúen de acuerdo a ello,
con plenitud".
La Doctrina Secreta, VI, 84. |
(1)
Obsérvese que este libro
fue publicado en 1925, antes de la segunda parte de la guerra
mundial y es fácil deducir lo que habría ocurrido si el conocimiento
de la energía atómica hubiese sido conocido antes de reiniciarse
la guerra en 1939.
(2) Hoy ya se está trabajando con
aparatos de irradiaciones y magnéticos en relación
a ciertas curaciones sobre el cuerpo etérico, o, lo
que es lo mismo, la vitalidad.
MI
TRABAJO (Por El Tibetano)(3)
En
el mes de noviembre de 1919 me puse en contacto con Alice
A. Bailey, y le pedí que escribiera y publicara algunos
libros que debían aparecer, con el fin de impartir
la verdad en forma correlativa. Rehusó de inmediato,
argumentando que no simpatizaba con la denominada literatura
ocultista, difundida entre el público por los diversos
grupos de esa índole; que nunca había escrito
para el público, y además que le desagradaba
profundamente toda clase de trabajos y escritos síquicos.
Cambió de parecer al explicarle que la relación
telepática era algo ya comprobado y un asunto de interés
científico, que ella no era clarividente ni clariaudiente,
y que nunca lo sería y, sobre todo, que la prueba de
la verdad es la verdad misma. Le dije que si aceptaba escribir
durante un mes, el material trascrito le demostraría
contener la verdad, pues enfocaba reconocimiento y comprensión
intuitiva y abarcaba cuanto fuera de valor para la nueva e
inminente era espiritual. Esto contribuyó a superar
su aversión a tal tipo de trabajo, como también
a las diversas e imperantes presentaciones ocultistas de la
verdad; entonces estipuló que los escritos fueran publicados
sin pretensiones de ninguna especie, y que las enseñanzas
demostrarían o no su valor, de acuerdo a sus propios
méritos.
LOS LIBROS
El primer libro publicado fue Iniciación Humana y Solar,
resultado de su primer esfuerzo en este tipo de trabajo, base
de los demás libros. Escribió para mí
durante veinticinco años. Los libros se publicaron
de acuerdo a un propósito profundo y subyacente que
quizás deseen conocer, y ha tenido amplia aceptación
mundial.
En Iniciación Humana y Solar se trató de dar
a conocer la realidad de la existencia de la Jerarquía,
que H.P.B. ya había difundido mediante insinuaciones
y enunciados, pero en forma ordenada. La Sociedad Teosófica
había enseñado la existencia de los Maestros,
a pesar de que H.P.B. manifestara a la sección esotérica
que lamentaba profundamente haberlo hecho. Estas enseñanzas
fueron erróneamente interpretadas por los posteriores
dirigentes teosóficos, quienes cometieron varios errores
fundamentales.
La descripción que daban de los Maestros se caracterizaba
por una imposible infalibilidad, olvidando que Ellos también
evolucionan. La enseñanza impartida fomentó
un creciente interés por el autodesarrollo y un intenso
enfoque sobre la liberación y el desenvolvimiento personales,
pues las personas consideradas como iniciados y discípulos
avanzados eran mediocres y sin mayor influencia fuera de la
Sociedad Teosófica, exigiendo total devoción
a los Maestros y a Sus personalidades. Decían que estos
Maestros interferían en la organización de esos
grupos esotéricos que afirmaban trabajar bajo Su dirección.
Se Les hacía responsables de los errores cometidos
por los dirigentes de los grupos, los cuales se escudaban
detrás de las siguientes declaraciones: "el Maestro
me dio instrucciones para que dijera...", "el Maestro
desea que se haga el siguiente trabajo", o "el Maestro
quiere que los miembros hagan esto o aquello". Quienes
obedecían, eran considerados buenos, y a los que no
se interesaban ni obedecían, se los consideraba como
renegados. Se infringía constantemente la libertad
individual y se justificaban las debilidades y ambiciones
de los dirigentes. A.A.B., en conocimiento de esto, rehusó
tomar parte en tales actividades, pues ésta es la historia
de la generalidad de todos los grupos esotéricos que
atraen al público. Aunque yo hubiera querido trabajar
en esas condiciones -algo que ningún miembro de la
Jerarquía hace- ella no habría colaborado conmigo.
Luego escribió Cartas sobre Meditación Ocultista.
Estas cartas proporcionaron, en cierta medida, un nuevo acercamiento
a la meditación, basada en el reconocimiento del alma
en cada persona y no en la devoción a los Maestros.
A éste siguió Tratado sobre Fuego Cósmico.
Este libro constituye una ampliación (ampliación
esperada) de las enseñanzas difundidas en el libro
La Doctrina Secreta sobre los tres fuegos -fuego eléctrico,
fuego solar y fuego por fricción; también presenta
la clave sicológica de La Doctrina Secreta y deberá
ser estudiado por los discípulos e iniciados al finalizar
este siglo y comenzar el próximo, hasta el año
2025.
Después A.A.B. pensó que sería de valor
para mí y el trabajo, escribir libros útiles
para los estudiantes, además de la trascripción
de mis escritos y apuntes, en el idioma original inglés,
e ideamos hacerlo juntos, lo cual me incitó a pensar
y trasmitir ideas, que constituyó mi deber hacer públicas.
El promedio general de síquicos y médium no
poseen mayormente un alto grado de inteligencia; A.A.B. deseaba
demostrar (para ayudar al trabajo del futuro) que puede hacerse
un trabajo netamente síquico e inteligente al mismo
tiempo. Por esta razón escribió cuatro libros
que son el producto de su propio esfuerzo:
La
Conciencia del Atomo
El Alma y su Mecanismo
Del Intelecto a la Intuición
De Belén al Calvario.
También
escribió, con mi colaboración, un libro titulado
La Luz del Alma, donde doy una paráfrasis en inglés,
de los Aforismos sánscritos de la yoga de Patanjali,
colaborando con ella en los comentarios y consultándome
ocasionalmente para estar segura del significado.
A éste siguió Tratado sobre Magia Blanca, escrito
hace unos años, que en forma de capítulos enviaba
a los estudiantes avanzados de la Escuela Arcana, únicamente
como material de lectura. Es el primer libro publicado que
trata del entrenamiento y el control del cuerpo astral o emocional.
Se han escrito muchos libros ocultistas sobre el tema del
cuerpo físico y su purificación; también
sobre el vehículo etérico o vital, y la mayoría
es recopilación de otros libros, antiguos y modernos.
En este libro se intenta entrenar, al aspirante moderno, en
el control de su cuerpo astral, con ayuda de la mente, a medida
que es iluminada por el alma.
El siguiente fue Tratado sobre los Siete Rayos; es un libro
muy extenso y aún no ha sido terminado. Consta hasta
ahora de cuatro tomos, dos de los cuales ya fueron publicados;
el tercero está por publicarse y el último está
en preparación. Los tomos I y II tratan sobre los siete
rayos y sus siete tipos sicológicos, poniendo los cimientos
para la nueva sicología, pues la sicología moderna,
por más que sea materialista, ha establecido bases
sólidas. El tomo III está íntegramente
dedicado al tema de la astrología esotérica
y constituye en sí una unidad completa. Está
destinado a difundir la nueva astrología, basada en
el alma, no en la personalidad. El horóscopo confeccionado
por la astrología ortodoxa predice la suerte y el destino
de la personalidad, y cuando dicha personalidad está
poco evolucionada o medianamente desarrollada, puede ser y
con frecuencia es asombrosamente correcto. Sin embargo, en
los casos de personas muy evolucionadas, aspirantes, discípulos
e iniciados, que comienzan a controlar sus estrellas y por
consiguiente sus acciones, no resulta tan exacto. Los sucesos
y acontecimientos de sus vidas son impredecibles. La nueva
y futura astrología se esfuerza por dar la clave del
horóscopo del alma, condicionado por el rayo del alma
y no por el rayo de la personalidad. He impartido bastante
como para capacitar a los astrólogos, que tengan interés
y posean una nueva inclinación, a predecir el futuro
desde el ángulo de este nuevo acercamiento. La astrología
es una ciencia fundamental y necesaria. A.A.B. no es versada
en ello ni sabe confeccionar un horóscopo, tampoco
conoce los nombres de los planetas ni las casas que rigen.
Por lo tanto, soy absolutamente responsable de lo que aparece
en él y en todos mis libros, excepto, como ya he explicado,
el libro La Luz del Alma.
El tomo IV versa sobre el tema de la curación y la
construcción del puente, el antakarana, que elimina
la separatividad existente entre la mónada y la personalidad.
También se dan las Catorce Reglas que deben dominar
quienes se preparan para la iniciación. (Posteriormente,
El Tibetano y A.A.B. decidieron publicar estas reglas en un
tomo aparte. Por lo tanto, apareciendo luego el tomo V de
Tratado sobre los Siete Rayos). Quisiera llamar la atención
acerca de este último tema, recordándoles que
A.A.B. nunca hizo la menor alusión, pública
o privada, de que es un iniciado. Sabe que ello es contrario
a la Ley, y oyó a muchas personas de escasa luz espiritual
o capacidad intelectual, hacer tal afirmación, produciendo
el consiguiente daño, menoscabando la idea de la Jerarquía
y la naturaleza del adepto, ante los ojos del público
observador. Soy absolutamente responsable de las Catorce Reglas
y de su elucidación y aplicación. A.A.B. nunca
pretendió ser más que un discípulo activo
ocupado en el trabajo mundial (lo cual no se puede negar),
y ha reiterado constantemente que la legítima palabra
"discípulo" no admite controversia, así
también como es la más exacta para ser aplicada
a las distintas categorías de trabajadores de la Jerarquía,
desde el discípulo probacionista, apenas afiliado a
algunos discípulos de la Jerarquía, hasta la
influencia misma del Cristo, el Maestro de Maestros e Instructor
del ángeles y hombres. Constantemente se opone, con
mi total aprobación, a la malsana curiosidad respecto
de títulos y categorías, lo cual constituye
una plaga en muchos grupos esotéricos, y conduce a
la competencia desmedida, envidia, críticas y pretensiones,
que caracterizan a la generalidad de esos grupos ocultistas,
inutilizando la mayoría de sus publicaciones e impidiendo
al público recibir las enseñanzas en toda su
pureza y sencillez. Estado y título, categoría
y posición, nada significan. Lo que vale es la enseñanza,
es decir, su verdad y su llamado intuitivo. Esto debe tenerse
constantemente presente. Los discípulos aceptados,
reconocen al Maestro internamente -lo cual puede ser corroborado
por sus discípulos y utilizado por el Maestro como
condición real-, lo conocen, aceptan Sus enseñanzas
y es considerado por ellos como su Maestro, pero no lo hacen
con el mundo externo.
Mis libros han sido publicados constantemente durante años.
Cuando halla terminado el Tratado sobre los Siete Rayos y
editado un pequeño libro titulado Espejismo (Glamour)
y también El Discipulado en la Nueva Era, A.A.B. habrá
terminado su trabajo en colaboración conmigo, entonces
podrá reasumir su tarea como discípulo en el
Ashrama de su propio Maestro.
(3) De "Autobiografía
Inconclusa", A.A.B., apéndice, págs. 183 a 186.
LA
LIMITACION DE LAS PALABRAS
Las
palabras no alcanzan a expresar el objetivo fijado, y el lenguaje
obstaculiza más bien que ayuda. El pensamiento humano
está entrando ahora en un campo, para el cual no existe
hasta hoy ninguna verdadera forma de expresión; no
existen términos adecuados y las palabras símbolos
dice muy poco. Cuando se inventó el automóvil
la radio, fue necesario crear una serie de términos,
frases, sustantivos y verbos totalmente nuevos; así,
en el futuro, el descubrimiento de la realidad de la existencia
del alma deberá ser encarado con un nuevo lenguaje.
Un hombre de la era Victoriana que escuchara el léxico
técnico desde los actuales laboratorios de radio, o
el empleado en los talleres actuales, no comprendería
absolutamente nada. Del mismo modo, el sicólogo moderno
muchas veces ignora y no comprende lo que tratamos de decir,
porque no se ha desarrollado aún el nuevo léxico
y los antiguos términos son inadecuados. En consecuencia,
sólo puedo emplear los términos que me parecen
ser más convenientes, sabiendo que no expreso la verdadera
significación de mis ideas y, por lo tanto, sólo
obtienen una comprensión y concepción aproximadas
de las ideas que me esfuerzo por exponer.(4)
(4) De "El Alma, cualidad de la Vida",
A.A.B., pág. 13. Este a su vez de "Tratado sobre
los Siete Rayos Tº II, págs. 326-7.
ACERCA
DEL SIMBOLISMO(5)
"... quisiera decir algunas palabras acerca del simbolismo
que emplearemos al referirnos al control del ego y de la personalidad.
Todo lo que se diga al respecto intenta definir y considerar
lo que es realmente indefinible, fugaz y sutil, y aunque se
lo denomine energía o fuerza, tales palabras no imparten
la verdadera idea. Por consiguiente al leer y considerar este
tratado de sicología, se debe recordar que hablamos
en símbolos, lo cual es inevitable porque nos referimos
a la expresión de la divinidad en tiempo y espacio,
y hasta que el hombre no sea conscientemente consciente de
su divinidad y lo demuestre, sólo es posible hablar
en parábolas y metáforas de significado simbólico,
para que sean corroboradas por medio de la percepción
mística y la sabiduría del hombre iluminado.
Sin tener una verdadera comprensión del significado
de las palabras empleadas, se dice comúnmente que nos
ocupamos de fuerzas y energías, las cuales, a medida
que siguen su curso cíclicamente y actúan sobre
otras energías y potencias y se entremezclan con ellas,
producen esas formas de materia y sustancia que constituyen
la apariencia y expresan la cualidad de esas grandes y omniabarcantes
Vidas y de la Vida en la cual todo "vive, se mueve y
tiene su ser".
La conciencia de una vida tras otra se va desenvolviendo secuencialmente
de una existencia a otra, reconociendo y comprendiendo que
estas vidas son en sí la suma total de todos los poderes
y energías cuya voluntad es crear y manifestarse. Sin
embargo, al considerar dichas energías y fuerzas, no
es posible expresar su apariencia, cualidad y propósito,
excepto en forma simbólica."
(5)
De Tratado sobre los Siete Rayos, Tº II, "Sicología
Esotérica", pág. 17.
OBSERVACIONES(6)
(de Prefacio)
Al
estudiar y considerar cuidadosamente las ideas expuestas en
este libro deben tenerse presente ciertos conceptos básicos:
Primero, que lo más importante para el estudiante no
es la personalidad de determinado instructor, sino el grado
de verdad que éste representa, de ahí la capacidad
para discernir entre la verdad, la verdad parcial y lo falso.
Segundo, que el acercamiento de la enseñanza esotérica
trae acrecentada responsabilidad exotérica. Cada estudiante
debe hacer un consciente balance de sí mismo, y recordar
que la comprensión llega aplicando al problema y medio
ambiente inmediatos el grado de verdad captada, y que la conciencia
se expande empleando la verdad impartida.
Tercero, que la adhesión dinámica en el sendero
elegido y una firme perseverancia para vencer y permanecer
inconmovible ante todo lo que pueda acontecer, son requisitos
indispensables que conducen al portal de acceso a un reino,
a una dimensión y a un estado del ser, conocido interna
o subjetivamente. Este estado de comprensión produce
cambios en la forma y en el medio ambiente, comparables a
su poder.
Estas tres sugerencias merecen un minucioso estudio y su significación
deberá ser captada en cierta medida, antes de lograr
un real progreso. No me corresponde indicar la aplicación
individual y personal de las enseñanzas impartidas.
Esto lo debe hacer cada estudiante por sí mismo.
"Has conservado inteligentemente las enseñanzas,
libre de toda autoridad extraña, y no hay en tus libros
principios esotéricos de autoridad o respaldo jerárquico,
tales como los que han producido las estrechas limitaciones
de ciertos organismos y grupos eclesiásticos tan diferentes
como la Iglesia Católica, la Ciencia Cristiana y aquellos
que creen en la inspiración verbal de las Escrituras
y en numerosas asociaciones denominadas esotéricas.
La desgracia de muchos grupos ha sido ese constante rumoreo:
"Aquellos que saben, desean..." "El Maestro
dice" "Los Grandes Seres Ordenan..." y el grupo,
como rebaño de ovejas, se atropella ciegamente en el
afán de obedecer. Creen que mediante su mal orientada
devoción se relacionarán con ciertos personajes
autorizados, acortando así el camino para llegar al
cielo.
Has sabido conservar y cuidar sabiamente los libros, de las
reacciones de aquellos que pretenden ser maestros, adeptos
e iniciados. Mi anonimato y estado deben ser respetados, y
mi rango debe ser considerado sólo como el de un estudiante
más avanzado, el de un aspirante a esa expansión
de conciencia, que para mí significa un paso más.
Sólo es importante la parte de verdad que pueda exponer;
sólo es vital la inspiración y la ayuda que
pueda dar a cualquier peregrino en el sendero; lo que he aprendido
por medio de la experiencia está a disposición
de todo aspirante sincero; y la amplitud de visión
que puedo impartirles (debido a que he escalado la montaña
un poco más), es mi principal aporte. Los estudiantes
son libres de reflexionar sobre estos puntos y de prescindir
de inútiles especulaciones acerca de las informaciones
detalladas sobre personalidades insignificantes y condiciones
ambientales."
El tema a tratar será la Magia del Alma, y el pensamiento
clave de todo lo que pueda aparecer en este libro, lo hallarán
en las palabras del Bhagavad Gita:
"Aunque
soy el que no ha nacido, el alma que no muere; aunque soy
el Señor de los Seres; no obstante, como señor
de mi naturaleza, me manifiesto por medio del poder mágico
del Alma". B.G., IV, 6.
Lo
estadístico y lo académico son bases necesarias
y pasos preliminares en la mayoría de los estudios
científicos, pero en este libro centraremos la atención
sobre el aspecto vida y la aplicación práctica
de la verdad a la vida diaria del aspirante. Estudiaremos
cómo llegar a ser magos prácticos y en qué
forma podemos vivir mejor la vida del hombre espiritual y
la del aspirante al discipulado aceptado, en esta peculiar
época, estado y medio ambiente.
Para lograrlo, tomaremos las Quince Reglas para la Magia,
de mi libro anterior Tratado sobre Fuego Cósmico. Las
comentaré sin ocuparme de su significado cósmico
o solar, o de otras analogías y correspondencias; pero
aplicándolas al trabajo del aspirante y dando sugerencias
prácticas para desarrollar mejor el contacto y la manifestación
del alma. Daré por sentado que los estudiantes poseen
ciertos conocimientos, y supongo que podrán seguirme
y comprender algunos términos técnicos que me
veré obligado a emplear. No trato con infantes, sino
con personas maduras que han elegido determinado camino y
se han comprometido a "caminar en la luz".
En este libro me propongo hacer cuatro cosas y atraer tres
tipos de personas. Referente a su enseñanza, se basa
sobre cuatro postulados fundamentales que intentan:
1. Enseñar las leyes de la sicología espiritual
como distintas de las de la sicología mental y emocional.
2. Aclarar la naturaleza del alma humana y sus relaciones
con el sistema y el cosmos. Como paso preliminar esto incluirá
su relación con el grupo.
3. Demostrar las relaciones entre el yo y las envolturas
que ese yo pueda utilizar, y así aclarar el pensar
general respecto a la constitución del hombre.
4. Elucidar el problema de los poderes supranormales
y dar las reglas para su desarrollo útil y sin peligro.
Nos hallamos al final de un período de transición,
y los reinos más sutiles de la vida nunca estuvieron
tan cercanos; los fenómenos inusitados y los acontecimientos
inexplicables son ahora más comunes que en épocas
anteriores, y lo telepático, lo síquico y lo
peculiar, atraen la atención de los escépticos,
de los científicos y de quienes estudian religión.
Generalmente se buscan razones para explicar la aparición
de lo fenoménico, y se forman asociaciones para su
investigación y demostración. Además,
muchas personas se desvían del camino en el afán
de promover en sí mismas condiciones síquicas
y factores que producen energía y dan origen a la manifestación
de peculiares poderes. Este libro tratará de adaptar
la información suministrada al esquema de vida tal
como lo reconocemos hoy, y demostrar cuán básicamente
natural y verídico es todo aquello que se califica
de misterioso. Todas las cosas están sujetas a la ley,
y las leyes deben ser explicadas, ahora que el hombre ha llegado
a una etapa de desarrollo en que puede aprender más
exactamente su belleza y realidad.
Tres tipos de personas responderán a la enseñanza
de este libro, y son:
1. Esos
investigadores de mente abierta, dispuestos a aceptar los
fundamentos como hipótesis aplicables, hasta demostrar
que son erróneas. Serán francamente agnósticos,
pero, en su búsqueda de la verdad, deben estar dispuestos
temporáriamente a ensayar los métodos y seguir
las sugerencias presentadas a su consideración.
2. Los aspirantes y discípulos estudiarán este
tratado a fin de comprenderse mejor a sí mismos para
poder ayudar al prójimo. No aceptarán ciegamente
sus dictámenes, sino que experimentarán, comprobarán
y corroborarán, cuidadosamente las etapas y pasos expuestos
aquí en esta sección de las enseñanzas
de la Sabiduría Eterna.
3. Los iniciados arribarán a un significado
que no será evidente para los del primer grupo, y sólo
es sospechado por los miembros más avanzados del segundo.
Internamente conocen la verdad de muchas de las afirmaciones,
pero comprenderán la actuación subjetiva de
muchas de las leyes. Estas leyes de la naturaleza producen
efectos en tres esferas distintas:
a. Físicamente, donde se demuestran como efectos
en la forma densa.
b. Etéricamente, donde se manifiestan como energía
que subyace detrás de esos efectos.
c. Mentalmente, donde conciernen a los impulsos que
producen los otros dos.
(6)
De "Tratado sobre Magia Blanca" (o "El
camino del Discípulo") de A.A.B., págs.
15-18.
POSTULADOS(7)
Este
libro(8) se ocupará
más específicamente del desarrollo y desenvolvimiento
humanos y elucidará las causas responsables de los
efectos actuales, señalando el futuro y sus posibilidades
y la naturaleza de las potencialidades en desarrollo.
Este libro también versará sobre cuatro postulados
fundamentales que el estudiante tendrá que aceptar
en carácter de hipótesis, digna de consideración
y comprobación. A ningún investigador sincero
de la Sabiduría Eterna se le exige ciega aceptación
de cualquier presentación de la verdad; no obstante,
se le pide que mantenga una mente abierta y seriamente valore
y considere las teorías e ideales, las leyes y verdades,
que han llevado a muchas personas de la oscuridad a la luz
del conocimiento y la experiencia. Los postulados podrían
ser enumerados de la siguiente manera, por orden de importancia:
I. El primer postulado es que existe en nuestro universo
manifestado la expresión de una Energía o Vida,
causa responsable de las diversas formas y de la vasta jerarquía
de seres sensibles que componen la totalidad de cuanto existe.
Esta es la denominada teoría hilosoísta, aunque
el término sólo sirve para confundir. Esta gran
Vida es la base del; Monismo, y todos los hombres iluminados
son monistas. "Dios es uno", es la expresión
de la verdad. Una sola vida impregna todas las formas y éstas
son las expresiones en tiempo y espacio, de la energía
universal central. La Vida en manifestación produce
existencia y ser, por lo tanto es la causa raíz de
la dualidad. Esta dualidad, que se percibe cuando está
presente la objetividad, y desaparece cuando el aspecto forma
se desvanece, tiene muchos nombres, de los cuales y para mayor
claridad podríamos enumerar los más comunes:
| Espíritu
Vida
Padre
Positivo
Oscuridad |
Materia
Forma
Madre
Negativo
Luz |
Los
estudiantes deben mantener en la mente esta unidad esencial,
aún cuando hablen (como deberán hablar) en términos
finitos de esa dualidad, que cíclicamente se evidencia
en todas partes.
II. El segundo postulado surge del primero, y afirma que
la Vida Una, que se manifiesta a través de la materia,
produce un tercer factor que es la conciencia. Esta conciencia,
resultado de la unión de los dos polos opuestos, espíritu
y materia, constituyen el alma de todas las cosas; compenetra
toda sustancia o energía objetiva; subyace en todas
las formas, ya sea la de esa unidad de energía que
llamamos átomo o la de un hombre, un planeta o un sistema
solar. Esta es la Teoría de Autodeterminación,
o la enseñanza de que todas las vidas, de las cuales
está formada la vida una, cada una en su esfera y modo
de ser, se embeben de materia, por así decirlo, y asumen
formas por cuyo intermedio su peculiar y específico
estado de conciencia puede ser comprendido y su vibración
estabilizada; así pueden conocerse a sí mismas
como existencias. Nuevamente la vida una se convierte entonces
en una entidad estabilizada y consciente mediante el sistema
solar, siendo por lo tanto esencialmente la suma total de
energías de todos los estados de conciencia y de todas
las formas de existencia. Lo homogéneo se vuelve heterogéneo,
y sin embargo permanece siendo unidad; el uno se manifiesta
en diversidad, y no obstante, es inmutable; la unidad central
es conocida en tiempo y espacio compuesta y diferenciada,
y sin embargo cuando no existan tiempo y espacio (pues no
son más que estados de conciencia) sólo permanecerá
la unidad y únicamente persistirá el espíritu,
además de una acrecentada acción vibratoria
y la capacidad para intensificar la luz cuando retorne el
ciclo de manifestación.
Dentro de la pulsación vibratoria de la Vida una en
manifestación, todas las vidas inferiores repiten el
proceso del ser -Dioses, ángeles, hombres y miríadas
de vidas que se expresan mediante las formas de los reinos
de la naturaleza y las actividades del proceso evolutivo.
Todo llega a ser autocentrado y autodeterminado.
III. El tercer postulado fundamental es que el desenvolvimiento
de la conciencia o la revelación del alma, constituye
el objetivo por el cual la vida adquiere forma y también
el propósito por el cual se manifiesta el ser. Esto
puede ser denominado La Teoría de la Evolución
de la Luz. Si se tiene en cuenta que el científico
moderno sostiene que la luz y la materia son términos
sinónimos, haciéndose eco de las enseñanzas
de Oriente, es evidente que mediante la interacción
de los polos y la fricción de los pares de opuestos,
surge la luz. La meta de la evolución consiste en una
serie graduada de manifestaciones de luz. Velada y oculta
en todas las formas se halla la luz. A medida que la evolución
avanza, la materia se convierte en un buen conductor de luz,
demostrando así la exactitud de la afirmación
de Cristo, "Yo Soy la Luz del Mundo".
IV. El cuarto postulado sostiene que todas las vidas se
manifiestan cíclicamente. Esta es La Teoría
del Renacimiento o de la reencarnación, demostración
de la ley de periodicidad.
Tales son las verdades subyacentes que constituyen la base
de la Sabiduría Eterna -o la existencia de la vida
y el desarrollo de la conciencia, mediante la cíclica
adquisición de la forma.
En este tratado se hará hincapié en la minúscula
vida; el hombre "hecho a imagen de Dios", que mediante
la reencarnación desarrolla su conciencia hasta florecer
como alma perfeccionada, cuya naturaleza es luz y cuya comprensión
es la de una identidad autoconsciente. Esta unidad desarrollada
debe oportunamente fusionarse, participando con plena inteligencia
en esa conciencia mayor de la cual forma parte.
(7)
De
"Tratado sobre Magia Blanca" (o "El camino del Discípulo")
de A.A.B., págs. 18-20.
(8)
Tratado sobre Magia Blanca" de A.A.B.
ACERCA
DE LA CIENCIA ESOTERICA(9)
NATURALEZA
DEL ESOTERISMO
Una
de las más inadecuadas definiciones dadas sobre el
esoterismo es la que concierne a lo que está oculto
y velado, pero aunque se lo presiente, se desconoce. Con ello
se quiere insinuar que ser esoterista es estar entre quienes
tratan de penetrar en cierto reino secreto, donde no se permite
entrar al estudiante común. Si esto fuera todo, entonces
el desarrollo de cada científico y místico representaría
el acercamiento de tipo mental y de tipo emocional al mundo
del esoterismo y de las realidades ocultas, lo cual no sería
exacto. El místico jamás es un verdadero esoterista,
porque no se ocupa conscientemente de fuerzas ni de energías
sino de algo indefinido llamado Dios, Cristo, Bienamado y
que es, por lo tanto, aquello que satisface el ansia de su
alma. El científico que actualmente estudia y penetra
con tanta rapidez en el mundo de las fuerzas y las energías
es, en realidad, un verdadero esoterista, aunque en su esfuerzo
por controlar las energías que busca, niega su fuente
de origen. Esto no tiene importancia, porque más adelante
reconocerá la fuente de donde emanan.
El acercamiento fundamental de quienes tratan de captar el
esoterismo o enseñarlo a los estudiantes, consiste
en hacer hincapié en el mundo de las energías
y reconocer que detrás de todo lo que acontece en el
mundo de los fenómenos (quiero significar los tres
mundos de la evolución humana), existe el mundo de
las energías, las cuales son de mayor diversidad y
complejidad, pero todas se mueven y actúan bajo la
ley de Causa y Efecto. Es innecesario señalar la naturaleza
práctica de esta definición, como también
indicar como puede ser aplicada a la vida del aspirante, a
la de la comunidad y a la de los asuntos mundiales, o su aplicación
en los condicionantes niveles inmediatos de las energías
espirituales experimentales que constantemente tratan de hacer
impacto o contacto, con el mundo de los fenómenos.
Esto lo hacen bajo la dirección espiritual, a fin de
complementar el Plan. Lo afirmado anteriormente es de vital
importancia; las demás afirmaciones están implícitas
en ello, y es la primera verdad importante que sobre el esoterismo
debe conocer y aplicar cada aspirante a los misterios y a
la universalidad de lo que mueve los mundos y fundamenta el
proceso evolutivo. La primera tarea del esoterista consiste
en captar la naturaleza de las energías que tratan
de condicionarlo y que se expresan en el plano físico
a través de su equipo o vehículo de manifestación.
Por consiguiente, el estudiante esoterista debe comprender
que:
1. Es un conjunto de fuerzas heredadas y condicionadas
por lo que ha sido, además de una gran fuerza opositora
que no es un principio y que llamamos cuerpo físico.
2. Es sensible a ciertas energías que aunque
hoy desconoce y no puede utilizar, debería ser cada
vez más consciente de ellas si quiere penetrar con
más profundidad en el mundo de las fuerzas ocultas.
Tales energías podrían ser malignas para él
si trabajara con ellas y, por lo tanto, debe saber diferenciarlas
y descartarlas; hay otras energías que deberá
aprender a emplear porque son benéficas y aumentarán
su conocimiento, por lo tanto, debe considerárselas
como buenas. Tengan en cuenta que las energías en sí
no son buenas ni malas. La Gran Logia Blanca, nuestra Jerarquía
espiritual, y la Logia Negra, emplean las mismas energías
universales, pero con diferentes móviles y objetivos;
ambas están formadas por esoteristas entrenados.
Por lo tanto el esoterista en entrenamiento debe:
1. Llegar a ser consciente de la naturaleza de las fuerzas
que constituyen el equipo de su personalidad y que él
mismo ha manifestado magnéticamente en los tres mundos,
las cuales forman una combinación de fuerzas activas.
Aprender a diferenciar entre la energía estrictamente
física, que responde automáticamente a energías
internas y a otras, y las que vienen de los niveles emocionales
y mentales de la conciencia, las cuales se enfocan a través
del cuerpo etérico; esto moviliza y energetiza a su
vez a su vehículo físico para ciertas actividades.
2. Llegar a ser sensible a las energías impulsoras
del alma, que emanan de los niveles mentales superiores, las
cuales tratan de controlar las fuerzas del triple hombre cuando
ha alcanzado cierto grado definido de evolución.
3. Reconocer las energías que condicionan su
medio ambiente, viéndolas no como hechos o circunstancias
sino como energías en acción; por ese medio
aprende a abrirse camino detrás de la escena de los
acontecimientos externos y llega al mundo de las energías,
tratando de hacer contacto y capacitarse para llevar a cabo
ciertas actividades. Así penetra en el mundo de los
significados. Los hechos y circunstancias, los acontecimientos
y fenómenos físicos de todo tipo, son simplemente
símbolos de lo que ocurre en los mundos internos, mundos
que debe penetrar el esoterista hasta donde se lo permita
su percepción; por lo tanto descubrirá secuencialmente
mundos que le exigirán su penetración científica.
4. Para la mayoría de los aspirantes la Jerarquía
es un reino esotérico que demanda ser descubierto y
acepta ser penetrado. Elijo mis palabras cuidadosamente a
fin de evocar una respuesta esotérica.
...
reconocer entre la energía y la fuerza, saber discriminar
entre los diversos tipos de energía, tanto respecto
a ellos mismos como a los asuntos mundiales, y comenzar a
relacionar lo que se ve y experimenta con lo invisible, lo
que condiciona y lo que determina. Esta es la tarea del esoterista.
...
Las iglesias y los hombres deben aprender que nada existe
en el mundo de fenómenos, de las fuerzas y de las energías,
que no pueda ser controlado por lo espiritual. Todo lo que
existe es, en realidad, espíritu en manifestación.
Los
pueblos están adquiriendo mentalidad política
y esto los Maestros lo ven como un gran paso hacia adelante.
Un gran progreso se habrá obtenido cuando las personas
espiritualmente orientadas incluyan esta zona relativamente
nueva del pensamiento humano y su actividad internacional,
dentro del campo de su investigación esotérica.
...
El esoterismo no es, de ningún modo, de naturaleza
mística e indefinida. Es una ciencia -esencialmente
la ciencia del alma de todas las cosas- y tiene su terminología
y leyes propias. Cuando digo alma me refiero a la conciencia
animadora que se halla en la naturaleza toda y en los niveles
que están fuera de la zona que generalmente llamamos
naturaleza. Los estudiantes suelen olvidar que todo nivel
de conciencia, desde el superior al inferior, es un aspecto
del plano físico cósmico y, en consecuencia
-desde el punto de vista del proceso evolutivo-, es de naturaleza
material y desde el punto de vista de determinados Observadores
divinos- es absolutamente tangible y está formado de
sustancia creadora. El esoterista trabaja todo el tiempo con
sustancia; tiene que ver con esa sustancia viviente y vibrante
de que están hechos los mundos y que -heredada de un
sistema solar anterior- está matizada por los hechos
pasados y, como ya se ha dicho, "teñida por el
karma". También debe observarse que así
como el plano físico, tan familiar para nosotros, no
es considerado por el estudiante esoterista como un principio,
tampoco el plano físico cósmico (desde el punto
de vista de las vidas cósmicas) no es análogamente
un principio. He aquí mucho material para
reflexionar.
Podría afirmarse que el esoterista se ocupa de descubrir
y trabajar con esos principios que energetizan cada nivel
del plano físico cósmico, pero que en realidad
son aspectos de la energía vital cualificada que actúa
dentro de la sustancia sin principio y a través de
ella. La tarea del estudiante consiste en no prestar atención
a la sustancia forma de la existencia y llegar a ser consciente
de lo que fue la fuente de producción de la forma,
en cualquier nivel específico. Su tarea radica en desarrollar
en sí mismo la necesaria sensibilidad y respuesta a
la cualidad de la vida que predomina en cada forma, hasta
que llega, con el tiempo, a obtener la cualidad de la VIDA
UNA que anima al planeta, dentro de Cuya actividad vivimos,
nos movemos y tenemos nuestro ser.
Para lograr esto debe, antes que nada, descubrirse la naturaleza
de sus propias energías cualificadas (aquí tiene
cabida la naturaleza de los rayos regentes), las cuales se
expresan por medio de sus vehículos inferiores de manifestación,
y después por medio de su personalidad integrada. Después
de lograda una parte de este conocimiento y orientarse hacia
el aspecto de la vida cualificada, el estudiante empieza a
desarrollar el mecanismo interno y sutil, mediante el cual
puede establecer contacto con aspectos más generales
y universales. Aprende así a diferenciar entre la cualidad
o las predisposiciones kármicas de la sustancia sin
principio de la que está hecha su forma, y todas las
formas, y los principios cualificados que tratan de expresarse
por medio de esas formas e, incidentalmente, redimirlas, salvarlas
y purificarlas, a fin de que la sustancia del próximo
sistema solar sea de un orden superior a la del actual, y
pueda, en consecuencia, responder mejor al aspecto voluntad
del Logos.
...
El estudio esotérico, unido a una forma de vivir esotérica
revela a su debido tiempo el mundo de los significados y conduce
oportunamente al mundo de las significaciones. El esotérico
procura descubrir la razón de los por qué; lucha
con el problema de los hechos, acontecimientos, crisis y circunstancias,
a fin de lograr el significado que éstos puedan tener
para él; cuando descubre el significado de cualquier
problema específico lo utiliza como estímulo
para penetrar más profundamente en el mundo de significados
que le fue recientemente revelado; entonces aprende a incorporar
sus pequeños problemas personales al Todo mayor, perdiendo
así de vista el yo inferior y descubriendo al yo superior.
El verdadero punto de vista esotérico es siempre el
del Todo mayor. El estudiante ve el mundo de significados
como una red intrincada y extendida sobre todas las actividades
y los aspectos del mundo fenoménico. La trama etérica
es el símbolo y el diseño de esta red, que se
encuentra entre los centros situados a lo largo de la columna
vertebral del individuo, su analogía microcósmica,
como si fuera una serie de puertas de entrada al mundo más
amplio de significados. Esto en realidad concierne a la verdadera
Ciencia de los Centros, a la cual me he referido con frecuencia.
Son modos de entrar conscientemente (cuando se desarrollan
y funcionan) en un mundo de realidades subjetivas y en ciertas
fases hasta ahora desconocidas de la conciencia divina.
Sin embargo, el esoterismo no se preocupa de los centros como
tales, puesto que no es un esfuerzo para despertar científicamente
los centros, como creen muchos estudiantes. El esoterismo
en realidad, es el entrenamiento para obtener la capacidad
de actuar libremente en el mundo de los significados; no se
ocupa de ningún aspecto de la forma mecánica,
sino totalmente del aspecto alma -el aspecto del Salvador,
del Redentor y del Intérprete- y del principio mediador
entre la vida y la sustancia. Este principio mediador es el
alma del aspirante o discípulo individual (si se pueden
emplear términos que inducen a engaño), y es
también el "anima mundi" de la totalidad
del mundo.
El esoterismo implica, por lo tanto, vivir una vida a tono
con las realidades subjetivas internas, posible únicamente
cuando el estudiante está inteligentemente polarizado
y mentalmente enfocado, siendo de utilidad sólo cuando
él puede moverse entre estas realidades internas con
destreza y
comprensión. El esoterismo implica además
comprender la relación que existe entre las fuerzas
y energías y el poder de utilizar la energía
para reforzar y luego emplear en forma creadora las fuerzas
con las cuales ha entrado en contacto, de allí su redención.
El esoterismo usa las fuerzas del tercer aspecto (el de la
sustancia inteligente) como receptoras de las energías
de los dos aspectos superiores, y al hacerlo salva así
a la sustancia. Es también el arte de hacer "descender
a la tierra" esas energías que emanan de fuentes
superiores, para "arraigarlas" o introducirlas.
Un ejemplo ilustrativo lo tenemos en la actividad esotérica
de un grupo mundial de estudiantes, que dio por resultado
la divulgación de la enseñanza sobre el Nuevo
grupo de Servidores del Mundo(10) , introduciendo
y fijando en la conciencia dela humanidad la realidad de la
existencia y del trabajo de este grupo fundamentalmente
subjetivo; así se centralizó el trabajo
de este grupo y su actividad redentora se intensificó.
Toda verdadera actividad esotérica produce luz e iluminación;
trae como resultado la intensificación y cualificación
de la luz heredada de la sustancia mediante la luz superior
del alma -en el caso de que la humanidad obrara conscientemente.
Por consiguiente, podemos definir el esoterismo y su actividad
en términos de luz, pero me abstengo de hacerlo debido
a la vaguedad y a la aplicación mística realizada
hasta ahora por los esoteristas en décadas pasadas.
Si los esoteristas aceptaran en su forma más simple
el pronunciamiento de la ciencia moderna, que sustancia y
luz son términos sinónimos, y reconocieran que
la luz que pueden arrojar sobre la sustancia (o sea la aplicación
de la energía a la fuerza) es también de naturaleza
sustancial, podría ser encarado el tema en forma mucho
más inteligente. El esoterista se ocupa de la luz en
sus tres aspectos, pero actualmente es preferible que se ocupe
de un acercamiento diferente hasta que -mediante desarrollos,
ensayos y experimentos- conozca esas triples diferenciaciones
en un sentido práctico y no sólo teórico
y místico. Debemos pagar algunos de los errores del
pasado.
He dado diferentes definiciones en otros libros, muchas de
ellas sumamente sencillas, las cuales podrán tener
hoy un significado, pero más adelante llegarán
a tener significaciones más abstrusas.
Quisiera lanzar un desafío a todos los esoteristas
para que intenten hacer el práctico acercamiento que
he delineado. Les pediría que vivan una vida redentora,
desarrollen la sensibilidad mental innata y actúen
continuamente de acuerdo al significado que hay detrás
de los asuntos mundiales, nacionales, comunales e individuales.
Si lo realizan, entonces la luz brillará repentina
y crecientemente sobre el camino. Por lo tanto, podrán
ser portadores de luz y saber que "en esa luz verán
la Luz", y también la verán sus semejantes.
EL
SENTIDO ESOTERICO(11)
Se me pide
que defina más claramente lo que quiero significar
por "sentido esotérico". Significa, esencialmente,
la capacidad de vivir y funcionar subjetivamente, poseer el
constante contacto interno con el alma y el mundo en que se
encuentra, y esto debe efectuarse en forma subjetiva a través
del amor, demostrado activamente; de la sabiduría,
constantemente difundida, y de esa capacidad de incluir e
identificarse uno mismo con todo lo que respira y siente,
una de las características de todo verdadero Hijo de
Dios. Por lo tanto, quiero significar que se debe mantener
una actitud mental interna, que puede ser orientada a voluntad
en cualquier dirección. Gobernar y controlar la sensibilidad
emocional, no sólo del discípulo, sino también
la de aquellos con quienes entra en contacto. Por la fuerza
de su pensamiento silencioso puede llevar luz y paz a todo.
Por medio de ese poder mental puede sintonizarse con los pensamientos
del mundo y el reino de las ideas; puede discriminar y elegir
esos elementos y conceptos mentales que le permitirán,
como trabajador del Plan, ejercer en su medio influencia y
revestir los nuevos ideales con esa materia mental que facilitará
el reconocimiento de esos ideales en el mundo común
del pensamiento y del diario vivir. Esta actitud mental capacitará
al discípulo para orientarse hacia el mundo de las
almas, y desde ese lugar de elevada inspiración y de
luz, descubrir a sus colaboradores, ponerse en comunicación
con ellos y colaborar unidos en el desarrollo de las divinas
intenciones.
Poseer este sentido esotérico es la principal necesidad
de los aspirantes en esta época de la historia mundial.
Hasta que lo capten en alguna medida y utilicen, nunca podrán
formar parte del Nuevo Grupo, ni trabajar como magos blancos,
y estas instrucciones seguirán siendo teóricas
y principalmente intelectuales, en lugar de ser prácticas
y efectivas.
Para cultivar este sentido esotérico interno es necesario,
en las primeras etapas del desarrollo, una continua meditación,
pero a medida que pasa el tiempo y el hombre crece espiritualmente,
dará lugar forzosamente a una orientación espiritual
constante y entonces la meditación diaria, como la
comprendemos ahora, no será ya necesaria. El desapego
del hombre por las formas que utiliza será tan completo
que vivirá siempre en el "sitial del Observador",
y desde ese punto y actitud dirigirá las actividades
de la mente, de las emociones y de las energías, que
harán posible y útil la expresión física.
La primera etapa de este desarrollo y cultivo del sentido
esotérico consiste en mantener una actitud de constante
y desapegada observación.
(9)
De "La Educación en la Nueva Era",
pág. 72, A.A.B.
(10)
Sobre el N.G.S.M. se puede ver: Tratado sobre Magia Blanca
o el Camino del Discípulo, págs. 291-316; y
Tratado sobre los Siete Rayos, Tº II, Sicología
Esotérica, Págs. 473-556; ambos libros de A.A.B.
(11) Extraído de "El Alma, Cualidad
de la Vida", pág. 236/7, 1992, (a su vez de Tratado
sobre Magia Blanca, pág. 430/1).
|